Columnistas

La oposición en sus avatares

Después de una fase de fortalecimiento, la oposición enfrenta este inicio de año sumida en el desconcierto.

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Mayorga

10:03 / 06 de enero de 2019

Hace un año, Evo Morales acordó con la dirigencia del sector médico la derogatoria de dos artículos del Código Penal para resolver un grave conflicto. El acuerdo fue rechazado por las bases y las protestas continuaron hasta la abrogación de la ley. Fue la tercera derrota del MAS, pero tenía mayor significado por sus connotaciones políticas. La primera fue la derogatoria del “gasolinazo”; la segunda, la aprobación de una ley de intangibilidad del TIPNIS. Estas derrotas no tuvieron costo político para el MAS. En cambio, el conflicto que transcurrió entre noviembre de 2017 y enero de 2018 presentó otras características, y tuvo connotaciones políticas porque la oposición intentó vincularlo con las protestas en contra de la reelección de Evo  Morales. El oficialismo, ante la derrota en el referéndum de 2016, optó por una ruta alternativa que derivó en una sentencia constitucional, aprobada a fines de noviembre de 2017, que establece la reelección indefinida en todos los cargos de elección popular.

Precisamente a fines de noviembre, los médicos decretaron una huelga en rechazo a un artículo del Código Penal que supuestamente “criminalizaba la praxis médica”. Aparte de médicos, enfermeras y estudiantes de medicina, se movilizaron transportistas, periodistas, abogados y otros gremios; se sumaron las iglesias católica y evangélica contra la despenalización del aborto; y las autodenominadas plataformas ciudadanas asumieron protagonismo en el campo opositor. Los partidos de oposición intentaron, sin éxito, ligar el respeto al 21F con la abrogación del Código Penal.

Aprovechando la derrota del Gobierno en esa coyuntura, la oposición convocó a un “paro cívico” en ocasión del segundo aniversario del referéndum, pero no se cumplieron sus expectativas porque la movilización no fue similar a la protesta contra el Código Penal. Con todo, fue una expresión del fortalecimiento de la acción opositora que, después de una década, tenía presencia en la calle. Seis meses después intentaron boicotear la ceremonia del 6 de agosto en Potosí, y posteriormente convocaron a otro paro cívico para el 10 de octubre, fecha de la reconquista de la democracia, como una indirecta al “dictador”. Sin embargo, el oficialismo disputó el significado de ese aniversario movilizando a sus bases para festejar la reconquista de la democracia como un logro de las organizaciones populares. La calle fue un espacio reconquistado por el MAS y la convocatoria de las fuerzas de oposición fue débil respecto a sus expectativas.

Este resultado negativo para la oposición también tuvo como factor causal el anuncio de la candidatura de Carlos Mesa unos días antes del 10 de octubre. Ese anuncio era una aceptación de la Ley de Organizaciones Políticas (LOP), aprobada en septiembre por la mayoría oficialista, que instituyó elecciones primarias para definir binomios presidenciales. Esa iniciativa política del MAS aceleró el tiempo electoral y las estrategias de los actores políticos. La oposición concentró su presión en el TSE demandando la inhabilitación del binomio oficialista, y para tal fin convocó a otra marcha y “paro cívico nacional” para el 8 de diciembre. Cuatro días antes, el TSE anunció la lista de habilitados que incluía al binomio oficialista, y la protesta opositora se diluyó o derivó en ataques a la entidad electoral, con graves destrozos en Santa Cruz. El siguiente paso fue la instalación de piquetes de huelga de hambre (antes y después de Navidad) exigiendo que el TSE revise su decisión, se suspendan las elecciones primarias, se abrogue la LOP e, inclusive, que “renuncie el Presidente por la pérdida definitiva del mar” (decía un pasacalle en Cochabamba). Esa confusión de consignas y ese desorden en sus accionar demuestra que, después de una fase de fortalecimiento, la oposición enfrenta este inicio de año sumida en un desconcierto y con más de media docena de candidatos para enfrentar al MAS. Su próxima jugada será boicotear las elecciones primarias del 27 de enero, y luego concentrará sus energías para protestar el 21 de febrero, pero es posible que no sea más que un acto testimonial con fines proselitistas.

Es sociólogo.

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