Columnistas

Para ordenar las ideas

Tenemos a mafiosos, corruptos históricos y maleantes de toda laya dando lecciones de moral por televisión.

La Razón (Edición Impresa) / FabiÁn Restivo

00:14 / 09 de junio de 2017

Siempre suelo creer que es hora de pensar. También sé que es un ejercicio, a veces, tan estéril como escribir. Es cuando descubro, en la calle, que ideas que creo básicas no entran, que no se entienden y no se ve la verdad más evidente. Que la estupidez y el odio se llevan todo. El pan y el circo, la diversión perversa del comentario malicioso y falaz con que tanta gente se divierte; la ignorancia expuesta en la risa fácil; la maldad miserable como norma; la manipulación como esquema permanente y vulgar, pero efectivo; la miseria de la condición humana en las pantallas, taladrando cerebros y virtudes hasta convertirlos en esto que vemos a diario: gente riéndose entusiasmadísima y aplaudiendo, mientras corta, en su euforia pretendidamente triunfal, la rama sobre la que está sentada.

Cierta prensa “independiente, libre, pero responsable”, responde a los surtidores de sus cuentas bancarias, mientras se preparan para joder países enteros. Empezando por el propio, claro. Así es que tenemos a mafiosos, corruptos históricos y maleantes de toda laya dando lecciones de moral por televisión, tildando de corruptos a los decentes, por ejemplo. Asumen inteligentemente el imaginario de que los políticos son corruptos (imaginario real de cuando ellos estaban en el poder), y montados sobre la idea justificada que la gente tenía de ellos, comunican el modelo. Y la gente ríe y aplaude. Y de a poco se suicida, entretenida.

En Argentina, por ejemplo, ardían los canales contra Cristina Kirchner, y la gente, en medio de la euforia odiadora, votó por Macri, el candidato de la “prensa independiente”. Y ahí andan… descubriendo, tarde, que eran felices y la plata les alcanzaba para todo, y que Argentina era un país donde se vivía bien, porque el gobierno de Kirchner tenía políticas que les permitían vivir, mientras los argentinos pensaban que eso era magia natural, merecimiento por el esfuerzo. Resultado: se acabó la magia natural y el esfuerzo del trabajo se lo lleva una inflación que ronda el 70%.

Hoy tienen un ministro que recomienda no encender la calefacción en invierno para que les alcance la plata para pagar la factura del gas. Así pagan el gas, pero no les alcanza para la luz, el agua y la comida. Quitaron los subsidios universitarios, y los medicamentos para los jubilados bajaron de 74 a 7, porque otro ministro estima que parte del problema de la economía argentina es que “los viejos consumen demasiados remedios”.

También tienen otro ministro (el de Educación) quien dice —mientras vacían el país con una fuga de capitales nunca vista— que desde las escuelas “tenemos que crear argentinos capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla”. Convengamos que trabajan a futuro.

No es difícil ver, leyendo un poco, que los otrora corruptos vivientes del Estado en maniobras oscuras hoy son “El gobierno de la revolución de la alegría”. Cualquiera podría, yendo a Argentina y volviendo, decirles a los bolivianos: “oigan, vengo del futuro y este es el plan de la oposición”. Después de todo, la oposición boliviana es amiguísima de Macri, de Temer, y el plan es el mismo, y lo une la historia de estafas al país y la conciencia de clase, que como todo el mundo sabe, es mucho más sólida en la derecha que en la izquierda. Después de todo (de nuevo), van cuando hay elecciones y festejan y se sacan fotos con sus copartidarios. De lejos, pero… ahí están.

En eso andaba pensando. Sé que decir esto es estéril, pero bueno, lo escribí para ordenar un poco las ideas. 

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