Columnistas

¿Las ovejas votan?

Ha sido por mucho tiempo muy tentador caracterizar el comportamiento electoral boliviano como gregario

La Razón (Edición Impresa) / Ana Velasco Unzueta

00:01 / 10 de abril de 2015

Las elecciones de este 29 de marzo han sido particularmente lindas porque han echado por tierra uno de los mitos más grandes sobre el electorado boliviano: el voto oveja. Carlos Toranzo dice, y con él varios otros analistas, que el campesino votaba colectivamente por el MNR en agradecimiento por la reforma agraria, y que esos mismos campesinos luego votaban colectivamente por los militares ya no por agradecimiento, sino por temor a perder sus tierras. El mismo análisis hacían otros para explicar el voto por Condepa o UCS en los noventa o para explicar el voto por el MAS ahora. En verdad, esta calidad de “elector colectivo” se les ha atribuido siempre a campesinos o a sectores populares urbanos. Ricardo Paz los reconoce como los “votantes populistas”, y no contento con describir el carácter gregario de su voto, añade “se emborracha al menos una vez a la semana y soporta o propina golpizas intrafamiliares tres veces al mes”. Estas elecciones nos han demostrado a todos que el votante boliviano es mucho más que eso.

Para comenzar a hablar del tema debo decir que no creo que la teoría de Félix Patzi del “paraguas de Evo Morales” sea cierta. Patzi afirmó que parecía impensable romper la hegemonía del MAS en La Paz, pero ¿se habrá roto en verdad esta hegemonía? Considero poco realista que las mismas personas que votaron por Evo Morales en 2014 hayan cambiado radicalmente de opinión en los últimos cinco meses. Si hoy se repitieran las elecciones nacionales, Evo Morales seguramente ganaría con el mismo porcentaje que obtuvo y su paraguas seguiría igual de abierto. Lo cierto es que el votante boliviano hace cálculos más finos. Ha demostrado que distingue entre liderazgos nacionales y locales, y reclama su derecho de poder votar por un candidato sin que esta decisión tenga que decretar su preferencia por otros colores. El elector boliviano había podido reconocer caras y trayectorias, había tenido memoria y había sabido usar su voto para premiar o castigar a las mismas. Es apresurado afirmar que las elecciones subnacionales desterraron viejos líderes y hayan hecho surgir a nuevos; simplemente nos han demostrado que la constelación de liderazgos es mucho más amplia y compleja de lo que imaginábamos.Otra evidencia de que el boliviano vota de una forma mucho más reflexiva de la que pensábamos es la fuerte presencia del voto cruzado. Y esto no implica que el que haya votado en línea sea un irreflexivo. No.

Pero hay que reconocer que el voto cruzado implica un cálculo adicional: se apuesta por un liderazgo, nuevo o viejo, para que sea autoridad, pero se desea que la labor del control la haga alguien más. Es una decisión que, en el fondo, tiene la intención de evitar la concentración del poder y, a mi parecer, que el elector haya decidido impedir que cualquiera de las siglas partidarias reúna todo el poder, demuestra un altísimo nivel de madurez electoral y política.

Ha sido por mucho tiempo muy tentador caracterizar el comportamiento electoral boliviano como gregario, porque, en verdad, es mucho más fácil entender a las ovejas que a las personas,  “pero aquí estamos tratando con humanos, y los humanos son universalmente conocidos como los únicos animales capaces de mentir, siendo cierto que si a veces lo hacen por miedo, y a veces por interés, también a veces lo hacen porque comprenden a tiempo que ésa es la única manera a su alcance de defender la verdad”, como diría Saramago. 

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