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¿El país del futuro?

La trampa del ingreso medio consiste en quedarse atrapado durante años en el mismo sitio.

La Razón (Edición Impresa)

00:53 / 26 de noviembre de 2016

Se atribuye a Charles De Gaulle la frase “Brasil es el país del futuro y siempre lo será”. La parte optimista de la frase se fundamenta en los recursos naturales y el capital humano de Brasil. Lo irónico del asunto deviene de la suposición de que Brasil peregrinará por siempre como una promesa, al no encontrar el equilibrio entre sus factores de producción que le permitan dar el gran paso hacia el desarrollo. Esta frase se puede parafrasear para toda América Latina y particularmente para Bolivia.

El augurio sarcástico de De Gaulle abrió un abanico de teorías de desarrollo económico, entre ellas la teoría de la Trampa de los Ingresos Medios (TIM), que tiene un catalizador muy propio en nuestra política, me refiero al populismo y la demagogia.  

Primero la clasificación. Organismos internacionales como el Banco Mundial (BM) y el FMI catalogan a las economías del mundo según su ingreso per cápita para que puedan acceder a créditos diferenciados. Por ejemplo, en julio de cada año el BM clasifica a los países sobre la base del ingreso nacional bruto per cápita del año anterior en economías de ingresos bajos, ingreso mediano bajo, ingreso mediano alto y economías de ingreso alto. En 2010 Bolivia pasó de economía de ingresos bajos a ingreso mediano bajo. Entendida tal clasificación, formalicemos el concepto de la TIM. Cuando los avances económicos de un país lo sitúan de los ingresos bajos a la escala de los ingresos medios, pero su crecimiento económico está basado solo en la explotación de materias primas, llega un momento en el que se agotan sus fuentes de crecimiento sin alcanzar la diversificación productiva, el acervo de capital, el avance tecnológico, infraestructura, institucionalidad y, sobre todo, la mejora del capital humano en todas sus dimensiones (educación y salud, principalmente). La trampa del ingreso medio consiste, entonces, en quedarse atrapado durante años en el mismo sitio.

Durante el periodo en el que las economías transitan por el rango de los ingresos medios, las demandas sociales se amplían, a medida que las clases medias aumentan; pero si la estructura productiva no puede satisfacer estas necesidades y la población no está dispuesta a postergar sus aspiraciones por la vía del ahorro y la inversión, se incuba frustración entre los ciudadanos, lo que puede generar una ruptura institucional capaz de dar paso, a menudo, a gobiernos de carácter populistas y demagogos.        

En julio de 2007, el presidente Morales, al ser entrevistado por un medio extranjero, dijo: “Si continuamos avanzando como ahora, en 15 años igualaremos o seremos mejores que Suiza”. No cabe duda de que en el tramo del crecimiento es fácil caer en la autocomplacencia. Hoy no podemos satisfacer una necesidad básica como el agua potable; es importante cuestionarnos si Bolivia está condenada a ser el país del futuro. 

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