Columnistas

Las palabras del cambio

Espero que algún lector comparta el desagrado estético que experimento al leer esas y otras palabras

La Razón / Wálter I. Vargas

00:22 / 02 de noviembre de 2013

Leo el título de una columna periodística: Neocolonización de la despatriarcalización. Su autora, como es bastante previsible, denuncia que la denodada y admirable lucha de las mujeres para destronar a los hombres de sus privilegios está siendo secuestrada por los habituales traidores de la revolución puesta en marcha por el pueblo boliviano. Por mi seguridad física, me apresuro a señalar que mi interés es menos ocuparme de tan espinoso problema político-sexual como de observar el cariz francamente feo de este comportamiento verbal. Tengo la esperanza de que algún lector comparta el desagrado estético que experimento al leer esas y otras palabras. Como “desterritorializar”, menos popular que las dos anteriores, pero con más oropeles de alta intelectualidad.

¿Qué es desterritorializar? ¿Qué es, por decir algo, proceder o hacer una desterritorialización? Como toda palabra inventada para que los intelectuales jueguen y al mismo tiempo se ganen el sustento, su significado no es muy claro; es más, creo que ha sido acuñada para ser definida polémicamente. Por lo menos Wikipedia no me ha ayudado mucho al respecto. Pero una autoridad del caso, el filósofo francés Gilles Deleuze, quizá pueda ayudar. De hecho, debe ser su inventor, porque se solaza usándola en su libro Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia: “¿Cómo iban a estar los movimientos de desterritorialización y los procesos de reterritorialización relativos, perpetuamente en conexión, aprisionados los unos en los otros? La orquídea se desterritorializa formando una imagen, un calco de avispa; pero la avispa se reterritorializa sobre esta imagen; sin embargo se desterritorializa volviéndose ella misma una pieza en el aparato reproductor de la orquídea; pero reterritorializa la orquídea, transportando su polen”, y así hasta un lejano infinito desesperante de filosofía avispacea-orquideana de inconfundible raigambre parisina.

Gilles está hablando de la naturaleza como potencia transgresora, como máquina anticapitalista, así que huyamos de sus coquetos entresijos y volvamos a terreno más seguro. Ciertamente que viajar también es desterritorializarse, como un sector de la crítica literaria nacional ha tenido el gusto de llamar la atención en relación al escritor trashumante Jesús Urzagasti. Es una forma de resistir al statu quo. Pero por extensión también puede significar desplazarse en sentidos más preocupantes. De acuerdo con eso, por ejemplo, cuando Deleuze se lanzó de una ventana a la calle para suicidarse, se desterritorializó finalmente, cambió de ámbito físico, se desplazó al más allá. A manera de descanso pedagógico, invito al lector a mejorar sus habilidades de pronunciación intentando con sus niños conjugar el verbo desterritorializar. Si puede llegar a decir “vosotros desterritorializais”, pase al siguiente nivel y conjugue redesterritorializar, que también es usado conceptualmente por aquí y por allá.

No cabe duda, vivimos tiempos de cambio: un músico censura el uso de la guitarra o los bronces en la música nacional; deberíamos volver a la exclusividad de los vientos previos a la llegada de los conquistadores, se sigue más o menos de su filosofía descolonizadora; un director de cine estrena un filme en el que se lanza, a manera de descolonizarse, en un largo viaje en busca de la “otredad”, cuando podía haberlo hecho charlando con un vecino. Y si en cuanto a la lengua no ha aparecido el viceministro que amoneste acerca de lo vergonzoso que debería resultarnos hablar la lengua del conquistador, es seguramente porque a evidencia del predominio necesario del español es algo tan inocultable como el mestizaje.

Sobre esto último: un escritor tan poco sospechoso de imperialista o colonial, Pablo Neruda, dijo en uno de sus poemas que los españoles se habían llevado todo (el oro, la, plata, y un buen etc.), pero también nos habían dejado todo: el idioma, la lengua. Exageraba, por supuesto: ni se llevaron todo, ni dejaron todo, pero no hay duda que el español es un capital cultural que debemos aprovechar, y no someter impenitentemente a un uso cacofónico y desconsiderado.

Descolonizar, despatriarcalizar, desterritorializar. Es un furioso afán por deshacer algo hecho con avieso afán el que pinta de colores estos tiempos. Son las cosas de la historia. Quién hubiera pensado hace 30 o 40 años que la vanguardia de la revolución, en vez de fornidos obreros, sean aguerridas amazonas o miembros de colectivos tribales. Y que esa vanguardia postulara hacer retroceder la Historia, como toda una retaguardia.

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