Columnistas

El papa Francisco y el mar boliviano

Los pueblos de América Latina no podrán desarrollarse sin un vigoroso proceso integracionista

La Razón / Walker San Miguel Rodríguez

00:50 / 22 de marzo de 2013

Manifiesto mi profunda emoción por la elección del jesuita Jorge Bergoglio como Pontífice de la Iglesia Católica. Mi formación en el colegio San Calixto, a cargo de jesuitas, y mi permanente relación con esa orden religiosa a la que pertenecieron notables sacerdotes comprometidos con las luchas sociales en Latinoamérica, como Luis Espinal y otros, me permiten augurar que nuevos vientos soplarán en el catolicismo bajo el pontificado del nuevo Papa.

Cerca al 23 de marzo, no dejo de pensar en el mar y en la demanda boliviana de acceso libre y soberano al océano Pacífico, del que Bolivia fue privada por una serie de fatalidades históricas que no pueden perdurar para siempre, pues atentan a los principios de justicia, igualdad, paz y seguridad internacionales. El siglo XXI es el de la integración latinoamericana. Nuestros pueblos no podrán crecer y desarrollarse ni cerrar las grandes brechas sociales sin un vigoroso proceso integracionista. Y son precisamente las raíces cristianas, la cultura y el idioma  impregnados de fe los que otorgan a América Latina las bases para su ansiada integración.

Sin embargo, el enclaustramiento boliviano, su dependencia total de los puertos del norte de Chile para acceder al Pacífico y su postergado desarrollo son muestras elocuentes de la desigual situación de nuestro país frente a sus pares, y de la rémora que implica la postergada resolución de la causa boliviana al proceso de integración. Demás está reiterar que Bolivia nació a la vida soberana con amplia costa sobre el Pacífico y que en 1879, cuando se produjo la invasión militar al litoral boliviano, se encontraba firme y vigente el Tratado de Límites que Chile y Bolivia firmaron en 1874.

En ese contexto, cabe recordar que ya el papa Juan Pablo II se convirtió en mediador dentro de otro conflicto internacional, el que sostenían Argentina y Chile por el Canal del Beagle, en la zona austral del continente. En 1979, cuando todavía existía una fuerte tensión entre ambos Estados, los representantes de los gobiernos de ambos países pidieron la mediación papal, con el objetivo de resolver una controversia que se arrastraba de hace 100 años.

El resultado fue enormemente positivo para la finalización de un centenario conflicto. El 12 de diciembre de 1980 Juan Pablo II entregó a los cancilleres de ambos Estados la “Propuesta del Mediador, Sugerencias y Consejos”, sobre cuyas bases Chile y Argentina firmaron cuatro años después (siempre bajo la mediación papal) un auténtico Tratado de Paz y Amistad (29 de noviembre de 1984) en la sala Regia, próxima a la Capilla Sixtina del Vaticano.

Francisco es un papa de origen argentino y, por tanto, conoce a cabalidad todo el proceso de mediación que estuvo a cargo del papa polaco. Además, durante su formación como jesuita vivió y estudió en Santiago de Chile por varios años, desde 1958, y luego de su ordenación sacerdotal llegó a Bolivia como Provincial y sostuvo reuniones con jesuitas de nuestro país. Dada su alta formación intelectual y humana, es seguro que sabe de la necesidad y urgencia que dos países vecinos y hermanos como lo son Chile y Bolivia instalen un proceso de diálogo, que culmine con la resolución del centenario enclaustramiento boliviano. Es que la mediación de un líder religioso de la más alta calidad moral y al mismo tiempo Jefe de Estado, como el actual Papa, podría permitir que Chile se siente, finalmente, en la mesa del diálogo y asuma que la controversia que tiene con Bolivia debe ser resuelta eficazmente. Bolivia, por su parte, no debe dejar de acudir a todo medio pacífico de solución de controversias que el Derecho Internacional le permite para su retorno al mar.      

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