Columnistas

La papa en la cultura andina

La papa está en la mayoría de los platos, sin ella la vida sería muy difícil en el mundo andino

La Razón / Félix Layme Pairumani

01:25 / 10 de abril de 2012

En un Congreso Internacional de americanistas en Europa, en los años 40, uno de los participantes preguntó: “¿Qué ha dado el indio al mundo?”. Y Paul Rivet, el sabio francés, le respondió: “¡La papa, señores! La papa”. Sin duda la patata es el mayor aporte del indio americano al mundo, pues hoy es uno de los componentes más importantes en la dieta de la humanidad. Pese a haber recibido el desprecio en una época, salvó de la hambruna a más de un país de Europa a fines del siglo XVII. Aquí me referiré al valor de la papa en los pueblos andinos desde una visión sociocultural, no desde una visión de especialista, agrónomo, botánico o biólogo.

Existen tres tipos de papa: las débiles al frío, las fuertes y resistentes al calor y las intermedias. Es curiosa esa característica que coincide con la lógica trivalente. Las primeras se denominan qhini; las intermedias se denominan munta, y las resistentes, anchawiri (papa amarga).

Las qhini son tan débiles al frío que apenas una leve helada destruye la planta; se siembran principalmente en las quebradas; son papas dulces, como la denominada qhathi; se cuecen sin pelar;  pues si se la cociese sin cáscara quedarían hechas una mazamorra. Hay otras variedades de este tipo de papa: phiñu (janq’u, wila, ch’iyara y allqa), qami, phurixa, sicha, etc.

Las munta, llamadas así porque se pueden mondar (pelar), aunque también es posible cocinarlas con cáscara, son patatas que resisten relativamente al frío; pueden crecer en los cerros como en las llanuras, y se cuecen a fuego intermedio. A estas patatas también se las denomina  imillas. Hay varias clases, son muy conocidas las imillas blancas y negras.

Existen también otros tipos: saq’u, pala, saq’ampu y el famoso quyu, de la que también hay varias clases. Sin embargo, faltan muchos nombres de patatas aquí, y es necesario aclarar que estas mismas variedades deben tener nombres distintos en otras regiones, provincias y países.

Las terceras (anchawiris) son resistentes al frío, se las siembra más en las llanuras. Las heladas casi no las queman, tendría que ser una helada muy fuerte para destruirlas. Se pueden pelar y son usadas sobre todo para hacer chuño o tunta. Una de estas papas es la luk’i, que a su vez tiene varios tipos: k’awna, p’axla, chuqipitu, de ésta hay varias clases. También está la nasawiri, la famosa q’aysa y sisu, ésta última es la que dio origen, posiblemente, a las múltiples variedades de la papa que conocemos hoy día.

La papa está en la mayoría de los platos, sin ella la vida sería muy difícil en el mundo andino. En ningún matrimonio andino falta la papa mondada y cocida, tampoco la tunta. Jamás está ausente de las fiestas, ni de las defunciones. Asimismo pueden ser tan nocivas como medicinales. Las qhini se deben comer cuando se está feliz; pues si se las ingiere estando enfadado, provocarán bilis. Las segundas, las luk’i, son el antídoto para la bilis y son antitérmicas, además de otras bondades.

Se dice que existen más de 300 variedades de papa, aunque hasta ahora no se han identificado a todos los tipos. Los andinos respetan y aman a la papa. Preparan con mucho cuidado la tierra para sembrarlas y lo hacen en son de fiesta, con banderas blancas o parecidas a la flor de este tubérculo, puestas en el yugo de los toros. La aporcan y esperan que florezca y se la cuida con música amorosa, también se lo bailan, el ch’uta se baila en todo el verano, cuando la papa está en flor. Y así, con fiesta, también se cosecha, cantando y bailando la ispalla.

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