Columnistas

Cuatro papas, tres momentos

Diferentes en formas y métodos, ambos fueron hombres de su tiempo y actuaron según sus convicciones

La Razón (Edición Impresa) / José Rafael Vilar

00:00 / 29 de abril de 2014

Que ambos nos enseñen (…) la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama”. (Papa Francisco en la homilía de canonización). El domingo, el papa Francisco canonizó a dos antecesores: Juan XXIII (“el Papa bueno”) y Juan Pablo II (“el Papa de la familia”, “el peregrino”). Primera vez que dos papas lo eran y los primeros desde San Pío X en 1954; con ellos, 80 obispos de Roma han alcanzado la santidad (a diferencia de algunos otros, como Alejandro VI Borgia, que con seguridad fueron al infierno por sus pecados). También fue la primera vez que dos papas intervenían en el oficio: Francisco y el emérito Joseph Ratzinger.

Últimamente se ha tratado de contraponer maniqueamente a ambos papas santificados. De Juan XXIII se ha mencionado la importancia renovadora del Concilio Vaticano II, que él convocó, y que concluyera la labor de su sucesor, Paulo VI; a diferencia de Juan Pablo II, mucho más político y estadista, uno de los principales artífices del colapso del comunismo soviético.

Sanctus Ioannes PP. XXIII rigió la Iglesia Católica entre 1958 y 1963, en medio de la Guerra fría. De origen campesino, Angelo Giuseppe Roncalli (muy internacionalizado por sus cargos) llegó en el momento necesario de renovar la Iglesia y adaptarla a los nuevos tiempos, como en el siglo XIX hizo León XIII. El Concilio Vaticano II promovió la apertura dialogante con el mundo moderno, actualizando la vida de la iglesia, conciliando su relación frente a problemas actuales y antiguos.

A su vez, Sanctus Ioannes Paulus PP. II venía de ejercer su ministerio en su Polonia natal, enfrentado primero al nazismo y luego al comunismo. Karol Józef Wojtyła fue el primer papa no italiano en 455 años (luego del holandés Adriano VI), el más joven del siglo (58) y el tercero más prolongado (27), uno de los líderes más influyentes del siglo XX. Su lucha contra la expansión del marxismo lo enfrentó con la teología de la liberación y con sectores de izquierda. Juan Pablo II fue uno de los líderes mundiales más mediático y más viajero (129 países durante su papado). Cercano a las multitudes, promovió una nueva evangelización y la mejora significativa de las relaciones con judíos, islámicos, ortodoxos-orientales, luteranos y anglicanos. También luchó por la paz (medió en muchos conflictos) y defendió el rigor doctrinal, enfrentado tanto a renovadores como Hans Küng y Leonardo Boff como a ultraconservadores como el obispo Marcel Lefebvre. En esta línea doctrinal le han criticado su oposición al matrimonio de los sacerdotes y la ordenación de mujeres, y la poca actuación frente las denuncias de pederastia por religiosos.

Diferentes en formas y métodos, ambos fueron hombres de su tiempo y actuaron según sus convicciones en pro de una iglesia más universal y contemporánea, como hoy también es y lo hace Francisco, “el papa humilde”, quien también dijo de ambos en la homilía: “Colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la iglesia según su fisonomía originaria”.

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