Columnistas

El papel de Reynaldo Peters

El hábeas corpus en papel higiénico de Reynaldo Peters es reconocido como monumento jurídico

La Razón / Homero Carvalho

00:09 / 11 de diciembre de 2011

El 18 de mayo de 1972, desde la celda “El tropezón”, ubicada en el vetusto y sombrío edificio del siniestro Departamento de Orden Político (DOP), a media cuadra del Palacio Quemado, donde hoy se levanta el anexo de la Asamblea Legislativa Nacional, en la que se encontraba recluido el joven abogado Reynaldo Peters Arzabe, junto con presos políticos de la dictadura de Hugo Banzer Suárez, escribió un hábeas corpus, recurso jurídico constitucional para evitar que el poder estatal cometa arrestos indebidos. Lo sorprendente de este recurso fue que el papel en el que estaba escrito a mano, con un bolígrafo, era un metro de papel higiénico de los dos que tenía Reynaldo para sus necesidades.

El papel higiénico, convertido en un memorial, por la decisión y astucia de Reynaldo, dirigido al presidente de la Corte Superior de La Paz, salió dentro de un calcetín sucio que su esposa recogió horas más tarde. El documento llegó al Palacio de Justicia y la original y desconcertante presentación del hábeas corpus llamó la atención de los magistrados paceños; al mismo se sumaron  el Colegio de Abogados y los medios de comunicación; pero sin resultado efectivo alguno.

Tuvo que pasar un año para que Reynaldo obtenga su libertad, peleando contra las chicanerías interpuestas por los abogados del Ministerio del Interior de entonces, tinterillos al servicio de la represión, entre las que sobresalía el cínico argumento de que el hábeas corpus debía ser declarado improcedente, en virtud al Decreto 09875 que, irónicamente, declaraba la vigencia plena de la Constitución Política del Estado de 1967, “en todo aquello que no contradiga el espíritu y naturaleza del gobierno nacionalista y sus realizaciones”. Un eufemismo abusado por todas las dictaduras bolivianas.

Ese “espíritu y naturaleza” era la suprema autoridad del dictador contra todo aquel que se atreviese a disentir o a expresar opinión contraria a los actos de Gobierno.

Décadas después, en 2004, este acto de valentía sería reconocido mundialmente y llegaría a obtener el premio Derechos Humanos del Consejo General de la Abogacía Española (CGAE).  Hoy, entre los estudiosos del derecho, el hábeas corpus en papel higiénico de Reynaldo Peters es conocido como monumento jurídico internacional y objeto de estudio.

Escribo esta columna como un homenaje al Día Internacional de los Derechos Humanos, y urgido por la noticia de que nuestro amigo Reynaldo Peters está perdiendo la vista producto de las torturas recibidas durante el gobierno de facto de Hugo Banzer Suárez, porque creo que es necesario que a través suyo reconozcamos a esos luchadores, obreros, campesinos, estudiantes, profesionales y dirigentes políticos que, con coraje y sacrificio, estuvieron presos, exiliados, perdieron la vida o desaparecieron durante la oscura noche de las dictaduras que vivió nuestro país. Nuestra memoria es frágil y tendemos con mucha facilidad a olvidarlos y a creer que la democracia estuvo siempre presente. La democracia ha sido el resultado de años de lucha y eso es algo que siempre debemos recordar.

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