Columnistas

La pareja greco-turca

Es vergonzoso que Grecia justifique las expulsiones a Turquía sosteniendo que este es un ‘país seguro’

La Razón (Edición Impresa) / Sami Naïr

01:09 / 06 de mayo de 2016

La lucha de Syriza contra la política “austericida” de la UE bajo mandato alemán le atrajo simpatía. Cuando la coalición de fuerzas neoliberales decidió castigar a Grecia, esta simpatía se convirtió en movilizaciones solidarias. El Gobierno de Tsipras era David frente a Goliat. Dijo que no iba a capitular; organizó un referéndum contra el plan europeo de austeridad; y lo ganó. Victoria que hacía posible que los responsables de la UE tomasen consciencia de la voluntad del pueblo griego y que buscasen una solución de compromiso, pues la salida de Grecia del euro hubiera significado un drama nacional y un peligro para la zona euro.

¡Sorpresa! El mismo Alexis Tsipras decidió aceptar todas las condiciones impuestas por la Troika, pese a que la soberanía popular, de la que se jactaba tanto, acababa de rechazarlas ¡siguiendo las propias recomendaciones de su Gobierno! ¿Engaño? ¿Sutil estrategia?

Quizás, en principio, no se deba condenar la decisión de este viraje de 180 grados. Puede que el Gobierno griego no tuviera otra salida, y que, a la hora de la verdad, sus aliados potenciales, Francia en particular, amenazaran abandonarlo a su suerte. Pero lo que sí es de constatar, es que Alexis Tsipras escondió la verdad a su pueblo, sabiendo de antemano que podía traicionar sus promesas. El referéndum, que debía hacer gala de la determinación del pueblo griego, se volvió una farsa entre las manos de sus dirigentes.

Meses más tarde, sometido de nuevo a los mandos de Alemania, Tsipras cometió otra manipulación, esta vez relacionada con la tragedia de los refugiados. Tuvo una buena actuación ante la llegada de millares de peticionarios en las fronteras de Grecia, pero finalmente aceptó las expulsiones masivas decididas por Alemania hacia Turquía. Difícilmente podía resistir a esta presión, sobre todo cuando los Estados vecinos estaban cerrando sus fronteras. Así que, junto con el Gobierno turco, se repartió el dinero para llevar a cabo esa misión sucia.

No echaremos la culpa ni a Grecia ni a Turquía por llamar a la ayuda en la gestión de los refugiados, pues se trata de millones de personas y ninguno de los dos países tiene los medios económicos necesarios para hacer frente a esta situación. Pero es vergonzoso que Grecia justifique las expulsiones a Turquía sosteniendo que este país es, en adelante, un “país seguro” según los términos del Convenio de Dublín, cuando no lo es en absoluto y que por esa razón, entre otras, la UE rechaza su integración en el seno europeo. Asimismo, resulta de cruel cinismo que Turquía aproveche la ocasión exigiendo a los europeos la libre circulación para sus ciudadanos como condición sine qua non de su colaboración, cuando los que necesitan circular libremente, hoy en día, son los propios refugiados, perseguidos y humillados. ¡Vaya pareja la de Tsipras-Erdogan: uno conforma la ley europea a su antojo, el otro impone su antojo a la ley europea! a

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