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¿Qué está pasando?

El lugar más seguro para un niño debería ser su hogar, pero a veces ocurre todo lo contrario.

La Razón (Edición Impresa) / Miriam Chávez Quisbert / La Paz

00:00 / 03 de agosto de 2014

Cada semana escuchamos al menos un caso de infanticidio o de intento de infanticidio en el país o el mundo. Cada caso es único y diferente. En algunos, cuando no culmina con la muerte del infante, le puede provocar daños irreversibles. Los hechos se repiten en todas partes y, casi siempre, parten con una historia de maltrato anterior. ¿Qué está pasando?

Entre 2012 y 2013 la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) registró 5.401 casos de violencia contra menores, entre violaciones, infanticidios y maltratos. Por su crueldad, al menos tres casos de infanticidio estremecieron a la población. Se presentaron a finales de 2013. El 29 de noviembre, en la ciudad de Santa Cruz, Daniel Antelo asesinó a tiros a Alexander, Masiel y Alexia (ocho meses), sobrinos de su expareja, quien había decidido terminar con su relación. En La Paz, el 2 de diciembre, el pequeño Juan Israel Chávez (bebé de 17 meses) fue encontrado muerto cerca de su vivienda, tras un secuestro planificado por su madre y su exnovio. En la sede de gobierno también se presentó el caso de otro infante de año y medio que murió tras ser golpeado y asesinado por su padrastro, Omar A.Ch.

A raíz de estos hechos, la Red Parlamentaria por la Niñez y la Adolescencia aceleró la ley de modificación del Código Niña, Niño y Adolescente, que desde el 17 de julio instituye la pena de 30 años de cárcel para quien cometa infanticidio violento.

Se supone que el lugar más seguro para un niño debería ser su hogar, pero es en el entorno familiar donde generalmente ocurren estos terribles actos de violencia. ¿Qué está pasando? ¿Será que a los progenitores y parientes se les acabó la paciencia para con los niños? ¿Los problemas económicos han acabado con el amor? ¿Las personas padecen alguna enfermedad mental? ¿Son los efectos del alcohol y las drogas? Lo cierto es que la intención de hacer daño al otro convierte a los hijos en meros instrumentos.

El 30 de julio, el diario El Mercurio de Chile informó sobre un caso de infanticidio frustrado cuando una madre lanzó del segundo piso de su vivienda a su hija recién nacida. La lactante resultó con una fractura craneal debido al fuerte golpe.

Tanto en Chile como en nuestro país el infanticidio está catalogado como figura penal. El presidente de la Cámara de Senadores, Eugenio Rojas, precisó que el castigo es para quien mate a una niña o a un niño, desde su nacimiento hasta sus 12 años. Es lógico que el infanticidio reciba una pena mayor. Sabemos que no se debe matar, sabemos que los hijos no nos pertenecen.

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