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¿Qué pasó, Gus?

Ojalá ese esteta perdido, gran artista que habita en el gran director, resurja, renazca, reaparezca

La Razón / Ana Rebeca Prada

01:11 / 14 de marzo de 2012

La trica de películas realizadas por Gus Van Sant durante la década anterior, Elefante (2003), Los últimos días (2005) y Paranoid Park (2007), a mi parecer, fue uno de los eventos cinematográficos más significativos de la década. Se alejaba evidentemente de la estética trabajada en, por ejemplo, El indomable Will Hunting (1997) o

Descubriendo a Forrester (2000); buenas películas, de temáticas muy interesantes, de actuaciones impecables, pero muy tradicionales en narración y cinematografía. Y creo que retomaba un mundo que a mí me resultó fascinante: el de Mi Idaho privado (1991), tal vez no tanto en la estética, sino en esa incursión extraordinaria que define al director nacido en Kentucky: la incursión en el mundo de los adolescentes y de jóvenes veinteañeros.

Bueno, y luego de mis tres favoritas vino Mi nombre es Harvey Milk (2008); ¡un año después de Paranoid Park!), que narra de manera muy tradicional la vida del activista gay de ese nombre. Una actuación fuera de serie de Sean Penn y una dirección impecable. Otra vez: una buena película, de temática muy complicada y excelentemente narrada, pero shockeantemente alejada de lo que acababa de mostrarnos —nuestra trica famosa— sin ninguna anestesia de 2003 a 2007.

Yo creo que los artistas deben hacer exactamente lo que les viene en gana y si Gus Van Sant quiere hacer Harvey Milk después de la tremenda Paranoid Park, bien.

Pero lo que puede hacer este director con el cine es tan extremo y transgresor que resulta realmente sorprendente y bajoneante ver su otro lado —al estilo Dr. Jekyll y Mr. Hide—. Su Hide es un esteta que no concede nada, al que no le interesa si te aburres, te enojas o te sales de la sala, pues, en verdad, ha decidido hacer exactamente lo que quiere con la cámara en su construcción del mundo representado. Y lo que hace es uno de los cines —repito— más potentes del inicio del siglo. Lo interesante, por otro lado, de Elefante y Últimos días es que remiten a terribles eventos ocurridos en la realidad y que de manera muy “silenciosa” son traídos a la pantalla concediéndoles un extraña y poderosa intensidad.

Elefante tiene que ver con la masacre de colegiales en 1999, en el Columbine High School, en el Estado de Colorado; y los Últimos días, con el suicidio de Kurt Cobain. Paranoid Park explora más bien un medio proletario, de skaters, en el que hay un asesinato accidental...

Defiendo a rajatabla al Hide de Van Sant y ojalá ese poeta maldito, ese esteta perdido, aquél al que le tiene sin cuidado lo que el público americano quiere, el gran artista que habita en el gran director, resurja, renazca, reaparezca. Lo preocupante es que mis esperanzas se han visto fuertemente amenazadas con la última película del director: Cuando el amor es para siempre (2011). Grave.

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