Columnistas

Los pecados revelados en la elección de EEUU

La habilidad política de Trump fue hablar del elitismo y del racismo de manera simple y directa.

La Razón (Edición Impresa)

00:03 / 19 de noviembre de 2016

La reacción ante el triunfo de Donald Trump para quienes nos opusimos a su elección podría ser el enojo o una reflexión honesta. No soy por naturaleza una persona que se enoje, así que intentaré lo segundo.

Trump rehízo el mapa político estadounidense gracias a un enorme apoyo de los blancos de la clase trabajadora, particularmente de las comunidades rurales. Permítanme ser honesto, aquel es un mundo que no conozco, y varias de las personas que viven en las ciudades probablemente tampoco sepan mucho al respecto, ignorancia que forma parte del problema. La gran mayoría ignora el dolor del Estados Unidos rural.

Un ensayo publicado en la página web satírica Cracked, de David Wong, quien creció en un pequeño pueblo en Illinois, expresa con mucha propiedad la furia de los estadounidenses rurales. “Todo el maldito mundo gira en torno a las ciudades estadounidenses”, escribió. La vasta mayoría de la cultura pop del país trata acerca de los habitantes de las grandes metrópolis. La mayoría de las películas, shows, canciones, y juegos nuevos tratan acerca de Nueva York, Los Ángeles, Chicago o alguna versión fantasiosa de ellos. Casi todas las tendencias provienen de una metrópolis. Todas las nuevas industrias de moda se encuentran en ciudades modernas. “Si uno vive en el Estados Unidos rural, eso realmente apesta”, escribió.

Las ciudades obtienen atención desproporcionada de los medios de comunicación y otras élites, que también viven en y cerca de un puñado de metrópolis. Wong escribe que el huracán Katrina, en la imaginación popular, trata todo acerca de Nueva Orleans. “Para mirar el informativo (o las múltiples películas y programas televisivos sobre este fenómeno), uno apenas escucharía sobre cómo la tormenta arrolló por completo al Mississippi rural (...) ¿Qué tiene de interés periodístico un grupo de (...) palurdos llorando por un tráiler aplastado?”.

“Para esas personas ignoradas, que sufren, Donald Trump es un bloque tirado por la ventana de las élites. ¿Está usted (...) escuchando ahora?”. Varias, muchas más personas murieron en Nueva Orleans y la mayor destrucción física tuvo lugar allí. Y sí hubo una gran cobertura de la devastación de las áreas rurales; sin embargo, resulta evidente que las ciudades captan nuestra atención de una manera mucho más amplia de lo que lo hacen las comunidades rurales.

En las últimas tres o cuatro décadas, Estados Unidos se ha ordenado a sí mismo en una meritocracia con gran nivel de eficiencia, donde las personas de todo nivel económico pueden ascender y obtener altos logros e ingresos. Es mejor que utilizar la raza, género o linajes de sangre como “llave” para la riqueza y el poder, pero ello crea sus propios problemas. Como en cualquier otro sistema, habrá gente que no ascenderá hacia la cima, y porque es una meritocracia, es fácil creer que ello está justificado.

Una meritocracia puede estar ciega frente al hecho de que algunas personas no logran ascender porque de alguna u otra manera tuvieron poca suerte. Y en el ámbito moral puede ser mucho más ciega. Incluso aquellos que obtienen bajos resultados en exámenes académicos o poseen malos hábitos de trabajo son seres humanos que merecen atención y respeto. El gran éxito de los republicanos en las comunidades rurales ha sido que, aunque usualmente defienden ideas económicas que no ayudan a estas personas (de hecho, impulsan políticas que generalmente los lastiman), demuestran respeto al identificarse con ellos en la cultura, religión y emocionalmente. Así que, el gran pecado de la izquierda moderna es el elitismo.

No obstante, también hubo otro pecado que fue resaltado durante esta elección: el racismo. Donald Trump ganó entre los blancos sin educación universitaria por 39 puntos, pero también ganó por 4 puntos entre aquellos que sí poseen estudios de pre y posgrado. Ganó entre los blancos de clase trabajadora, así como también entre los blancos de clase media. Tal como dijeron Nick Confessore y Nate Cohn en el New York Times: “Electrificó a la mayoría blanca del país y reunió su fuerza completa en contra del decaimiento demográfico a largo plazo.”

En este asunto Trump no es la excepción. El populismo de ala derecha está en aumento en varios países occidentales. Está incrementando en países del norte de Europa, donde el crecimiento económico ha sido fuerte; en Alemania, donde los empleos manufactureros se han mantenido sólidos; y en Francia, donde el Estado provee varias protecciones para la clase trabajadora. La característica común en todas estas partes es que las poblaciones de mayoría blanca han enfrentado un influjo reciente de inmigrantes.

Tal vez el fenómeno podría ser mejor descrito como una reacción cultural al cambio. No obstante, usualmente se expresa simplemente como hostilidad a personas que son diferentes y generalmente son mulatas y negras. Tengamos en consideración, por ejemplo, que el 72% de los votantes republicanos registrados todavía duda de que Barack Obama haya nacido en Estados Unidos, de acuerdo con una encuesta realizada en agosto por la NBC News.

La habilidad política de Trump fue hablar acerca de estos dos temas sensibles (el elitismo y el racismo) de una manera simple, directa y políticamente incorrecta, conectando así con los votantes blancos, especialmente hombres. Pero al hacerlo, también asustó a decenas de millones de otros estadounidenses.

Sería importante que tuviésemos una conversación seria acerca del elitismo y las comunidades rurales. Sin embargo, también es fundamental que no huyamos de una conversación sobre el racismo. También hay otras personas ignoradas y que sufren en Estados Unidos. Ahora todos debemos escucharnos los unos a los otros.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia