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Es también nuestra pelea

Jennifer y Elías se preparan en solitario, no pelean contra el mundo, pelean contra sí mismos

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo / La Paz

20:58 / 10 de mayo de 2016

Primer round: Virginia, Estados Unidos, una boxeadora solitaria trota al amanecer, entre sombras y niebla. Se sienta y camina, estira y suda, piensa y lanza puñetazos al aire. Tarija, Bolivia: un boxeador camina y trota. Y lanza puñetazos al aire. Montaje paralelo (de dos mundos diferentes), ése que inventó David Wark Griffith hace más de 100 años.

Fundido en negro: suena la campana de Our fight (Nuestra pelea). El documental del director y fotógrafo chapaco Sergio Bastani (con producción de Marco Sanzetenea) incursiona —después de una larga espera— en la cartelera de nuestros cines, como una guerrilla camina por el monte, agazapado frente a tanta basura de superhéroes gringos y “guerras civiles”. Es también nuestra pelea.

Segundo round: la boxeadora “profesional” es Jennifer Salinas, el boxeador “amateur” se llama Elías Roca. La boxeadora baña a su wawa en la tina y le habla dulcemente en inglés, para luego rezar a Lord. Con su hijo mayor intenta practicar el castellano: ¿cómo se dice “boy”? ¿Cómo se dice “girl”? ¿Cómo se dice “moon”? El boxeador tira una manguera dos cuadras fuera de su casa para conectarse a una toma de agua y luego vuelve para ducharse.

Jennifer y Elías se preparan en solitario, sin un entrenador, no pelean contra el mundo, pelean contra sí mismos, como todos nosotros en la oscuridad de la sala. La cámara nerviosa al hombro (con poco diálogo) los persigue y cuida. Primeros planos, planos medios y una música que se repite. En el gimnasio gringo, Jennifer también cuida a sus tres hijos y (se) promete: “Mamá va a ser una campeona”.

Mientras, mece con su pie desde el ring de las 12 cuerdas la cuna de la más chiquita.  Lejos, Aldo tararea una cueca dulce en el bus acompañado de su madre. Entrena en una cancha de fútbol seca, polvorienta y abandonada, pelea contra las sombras, pelea contra sí mismo. Es también nuestra lucha.

Tercer round: cuando nos derrotan, casi siempre es por errores propios. Jennifer tiene una costilla fracturada y le duele harto en las mañanas y en las noches, en ese tiempo eterno antes del penúltimo combate final.

Aldo y Jennifer van a la peluquería: uno pide una “rebajadita” y la otra, unas trenzas “rastas”. Mientras los peluquean, asumen el control mental de lo que se viene. Our fight está, como nuestra vida, llena de silencios, de sueños, de intensidad y de aprendizajes (de ver cómo se levantan los mejores cuando caen, de saber cómo se cambia el ritmo cuando llegan las malas, de luchar contra los demonios interiores).

Bastani también se mueve con soltura y cintura en los dos rings: viene de lo experimental con sus dos trabajos anteriores, el corto El jardín de las rubias (2008) y Amarillo (parte de la trilogía de las tres “B”, Rojo, amarillo, verde,  2009) y ahora aterriza en el clasicismo sutil, sin renunciar a su estilo de autor, sin renunciar a decir más con menos.

Más allá de fondo y forma, Bastani sigue hablándonos de madres, de abandono y lucha, de dolores y patria. Bastani (como Jennifer y Elías) no tira la toalla y mantiene la guardia en alto para defender su propuesta estética y artística (sin pornomiserias, sin indulgencias), para sugerir mostrando, para hacernos pensar y sentir casi sin querer. El cine nuestro (ignorado, abandonado por nosotros mismos, tomando oxígeno después de cada golpe) es también nuestra pelea.

Cuarto round: suena la campana final. Una bandera boliviana alienta a Jennifer. La íntima hinchada chapaca de Elías empuja desde la distancia. “Por decisión unánime, el campeón, la campeona es…”. La sencillez del documental vira en emotividad: no es una victoria más, no es un triunfo que nadie festejará. Tú lo estás celebrando. Es todo eso y mucho más.

Virginia, Estados Unidos: una boxeadora solitaria trota al amanecer, entre sombras y niebla. Se sienta y camina, estira y suda, piensa y lanza puñetazos al aire. Tarija, Bolivia: un boxeador camina y trota. Vuelven a empezar. Es también nuestra lucha.

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