Columnistas

El pensamiento vivo de Beltrán

La palabra es consubstancial con el acceso, el diálogo y la participación plural de los ciudadanos

La Razón (Edición Impresa) / José Luis Aguirre Alvis

00:44 / 18 de septiembre de 2015

Sucre fue sede del IX Encuentro Nacional de Investigadores de Comunicación. Este evento, titulado “Pensamiento Comunicacional Latinoamericano y ¿pensamiento comunicacional boliviano?, miradas históricas, actuales desafíos”, congregó a más de 800 participantes entre investigadores, docentes y estudiantes de carreras de Comunicación Social del país, así como algunos ponentes internacionales.

Organizado entre el 2 y el 4 de septiembre por la Asociación Boliviana de Investigadores (Aboic), el encuentro concluyó con un acto de homenaje póstumo al comunicador Luis Ramiro Beltrán, en el que se recordó su legado y su partida, acontecida el 11 de julio. En las distintas exposiciones, tanto nacionales como internacionales, la referencia a su pensamiento fue una constante, en especial respecto a su destacado rol en la Escuela Crítica de la Comunicación Latinoamericana, a la que contribuyeron desde los años 70 comunicólogos como Eliseo Verón, Antonio Pasquali, Juan Somavía, Armand Mattelart, Juan Díaz Bordenave, María Cristina Mata y Fernando Reyes Matta, entre otros.

Lo heroico de sus propuestas fue el hecho de que sin ser un ente institucionalizado ni un espacio de reflexión sostenido por nadie, coincidieron en establecer las bases del pensamiento de la comunicación que podemos denominar una Comunicología del Sur. Esto por su crítica a la comprensión del proceso de la comunicación desde una postura instrumental, difusiva, mercantil, e ideológicamente orientada a sentar un imperialismo cultural sobre las conciencias y sociedades vistas como periféricas en América Latina. Las ideas comunicacionales cultivadas entre la década de los 70 y los 80 por su sentido emancipador se daban en un entorno poco favorable a las libertades, traducido en medidas de represión a los medios de difusión e informadores no dispuestos a comulgar con la mirada de regímenes autoritarios, lo que dio lugar a la instauración de un tiempo de silencio.

El llamado de alerta para que no se pierda o diluya el objeto del campo de la comunicación, cual es el intercambio dialógico y la construcción de lo común en la comunidad, parece ser una demanda y una constante necesaria, tal como se apuntó en el encuentro de Sucre. Ahí retorna el pensamiento de Beltrán con su sentido humanizante, transformador y esencialmente democrático de la comunicación social. Así, posturas que argumentan la distancia temporal, el cambio de época, el nuevo horizonte tecnológico para los medios de difusión, o la lectura sociológica de la comunicación para ocasionar la distancia de la dimensión sociohistórica, la comprensión profunda de los contextos y la denuncia del poder omnímodo sobre los intereses colectivos parecen avivar la urgencia de la denuncia de Beltrán, quien en su tiempo llamó las condiciones objetivas para la incomunicación social.

En el evento, el expositor colombiano José Miguel Pereira señaló que “había que meter país a la investigación y a la academia.” Pero el reto parece ser mayor, pues también es necesario “meter comunicación a la misma comunicación”; vale decir que se debe recuperar la circulación de la palabra y la construcción de los sentidos para que desde el hacer común se pueda construir un tipo de sociedad igualmente participativa y democrática. 

El pensamiento de Beltrán es necesario hoy y en el futuro para entender que la comunicación primero es un proceso humano, no de máquinas y aparatos; no es un espacio para preservar poderes unilaterales, sino que la palabra es consubstancial con el acceso, el diálogo y la participación plural de los ciudadanos; y ésta no puede ser una lucha pasada, sino de permanente construcción humana. 

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