Columnistas

Al pie del Cristo Redentor...

La hegemonía del MAS en el campo político se estaría reflejando en el ámbito simbólico

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

03:56 / 07 de octubre de 2014

Ante la convocatoria de la élite cruceña, aquella tarde calurosa del 15 de diciembre de 2006  se desarrolló un cabildo multitudinario al pie del monumento al Cristo Redentor, con el pretexto de solicitar la autonomía departamental; encuentro que posteriormente fue denominado, con mucho aspaviento, por sus impulsores como el Cabildo del millón. En rigor, la demanda autonómica enarbolada por la élite cruceña que encabezó la llamada “Media luna” (cívicos de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando), se anteponía al proyecto de transformación estatal proveniente desde occidente y, sobre todo, desde las organizaciones indígenas/campesinas. Desde una mirada simbólica, este acontecimiento fue un ícono, pues representó el inicio de un proceso de polarización socio-política que puso en vilo a la propia democracia boliviana, dando lugar a una crisis estatal que requería urgentemente una resolución hegemónica.

En este contexto, el cierre de campaña del Movimiento Al Socialismo (MAS) previsto para hoy, 8 de octubre, en el mismo lugar donde tuvo lugar el “Cabildo del millón” (un símbolo de la autonomía cruceña y, por tanto, del propio orgullo regional para los unionistas) logró reactivar, como si se hubiese hurgado el avispero, actitudes violentas protagonizadas por los jóvenes de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) que acompañaron aquellas movilizaciones por la autonomía. Así reapareció en la escena pública la UJC con el dizque pretexto de la defensa de la “dignidad regional”, pero, como en el pasado, con palos y patatas; actitud que provocó un enfrentamiento con simpatizantes del partido gobernante que dejó varios heridos. Los unionistas insisten en que harán una “vigilia” permanente para evitar la concentración de simpatizantes del partido gobernante en el lugar que podría haber representado, por lo menos simbólicamente, la disolución del último vestigio de aquel “empate catastrófico” que se dio  en un contexto de polarización, e incluso fue una espada de Damocles para la propia democracia boliviana. 

Ahora bien, la hegemonía (Gramsci dixit) del MAS en el campo estrictamente político se estaría reflejando en el ámbito simbólico. El poder simbólico tiene el poder de constituir lo dado por la enunciación, de hacer ver y de hacer creer, de confirmar o de transformar la visión del mundo. De allí que la “ocupación territorial” con banderas azules, negras y blancas del MAS, en vez de la blanca y verde regional a los pies del monumento al Cristo Redentor, podría haber significado un hecho político con un valor simbólico inconmensurable, ya que significaría la expansión hegemónica del MAS en uno de los bastiones más importantes de resistencia a su proyecto político. De allí la resistencia unionista.

Según Antonio Gramsci, la hegemonía es comprendida por la conformación del consenso y orientación política de la sociedad a través de un liderazgo intelectual y moral, que incide en las conciencias y los métodos de apropiación de la realidad. Entonces, el poder simbólico no reside solamente en los “sistemas simbólicos”, sino que se define en y por una correlación de fuerzas determinada, a partir de la cual se estructura el campo político donde se produce y reproduce esa hegemonía; de allí los afanes partidarios para el cierre de la campaña política del MAS en Santa Cruz, y el efecto simbólico que se intentaba obtener, equivalente a lo logrado políticamente gracias a su inercia hegemónica.

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