Columnistas

Una de piratas

El embanderamiento ilegal del pabellón de Bolivia infringe las reglas internacionales.

La Razón / José Gramunt

00:00 / 15 de abril de 2012

Permanece en mi memoria la figura del antiguo pirata que leí en mi infancia. Un viejo tricornio cubría su cabeza, se apoyaba en una de las piernas de palo, como consecuencia de un abordaje de un buque español que transportaba en sus bodegas oro y plata, en barras o en monedas. En esos abordajes, sobresalieron los filibusteros ingleses, Drake y Morgan.

Aquellas monedas, acuñadas tal vez en Potosí, llevaban la efigie del soberano español reinante, en un lado y, en el otro, el escudo heráldico de la Corona. Completaba la imagen del pirata, una felpa negra que cubría un ojo. Muchos creen todavía que la pérdida del ojo habría sido por un sablazo. Pero no, era consecuencia de tanto observar la altura del sol desde el sextante que le servía para calcular la hora y la posición geográfica de la nave. Por supuesto, los bajeles piratas de los cuentos enarbolaban la bandera negra con una calavera.

Hoy en día todavía hay piratas en algunos mares. En el Cuerno de África utilizan pequeñas lanchas rápidas para capturar enormes buques petroleros u otros cargueros o incluso naves de recreo, bajo el pretexto de que han violado la soberanía de su mar territorial y el derecho exclusivo de pesca. Y luego negocian con el armador, previo pago de fabulosos rescates. Su base es Djibuti (Somalia), un lugar miserable en donde abundan los tugurios más infectos e incluso algunas lujosas residencias en donde los modernos bucaneros derrochan locamente el dinero mal habido.

Estos recuerdos me llevan a considerar otros casos de piratería y que consiste en la utilización ilegal de la bandera de algún país, sin el previo registro de ley. Me refiero concretamente al petrolero de una empresa iraní que trasporta 132.277 toneladas de crudo sirio con un valor de 84 millones de dólares (Página Siete, 11-04-2012). Según el Derecho del Mar, la nave y su carga pertenecería a Bolivia y, consiguientemente nuestro país estaría infringiendo las sanciones internacionales impuestas a Irán.

Por otro lado, el embanderamiento ilegal del pabellón de Bolivia también infringe las reglas internacionales sobre las “bandera de convención”. Esta figura del Derecho del Mar se produce cuando el propietario de un barco lo registra en un país determinado, previo acuerdo con las autoridades marítimas de este último. En varias oportunidades el Estado boliviano ha concedido este privilegio a navíos cuya propiedad correspondía a una empresa extranjera. En tales casos debe constar fehacientemente que el cargamento que transporte la nave no constituye peligro alguno, ni se trata de un comercio de armas ni de drogas ni viola cualquier uso consuetudinario legítimo ni norma alguna establecida explícitamente por el Derecho marítimo. En caso contrario, el barco que infringiera estos principios podría calificarse como corsario y ser objeto de las medidas penales universalmente aceptadas por el Derecho Internacional.

He aquí una cuestión poco frecuente que se plantea a la Cancillería, así como al Ministerio de Defensa, que no pueden   dejar pasar por alto y que los observadores, entre los que me incluyo, merecemos las aclaraciones del caso. No sea que se manche el honor de la bandera boliviana por descuido o negligencia de las autoridades nacionales.

A modo de complementación, recordaré los pleitos internacionales por la propiedad de los valores históricos extraídos por los buscadores de tesoros submarinos.

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