Columnistas

El placer es político

Estamos hartas de que cuando se trata de nuestros derechos la maquinaria legislativa avance a carbón

La Razón (Edición Impresa) / Daniela A. Elías *

01:02 / 13 de mayo de 2017

Bolivia, Estado laico desde la reforma constitucional de 2009, está a punto de dar un paso histórico. Intenta saldar una deuda pendiente con las mujeres, en particular con aquellas a quienes más se les debe: las campesinas, las indígenas, las marginales, las desprotegidas en situación de calle. También con las adolescentes desinformadas víctimas de estrategias entre risibles e indignantes, ejemplos de ignorancia y necedad, hermanas de sangre del fundamentalismo religioso imperante en nuestro país, que intentan censurar y reprimir su sexualidad.

Es un contexto altamente moralizado y moralizante en el que las feministas intentamos instalar el debate sobre los derechos sexuales y los derechos reproductivos de las mujeres, y saldar deudas y ajustar cuentas por la manera en que se nos ha tratado y aún se nos trata en el país. Si bien las reformas del Código Penal significan un avance que apoyamos, para las mujeres esto no es suficiente, porque estamos inimaginablemente hartas de que cuando se trate de nuestros derechos, la maquinaria legislativa avance a carbón y sea entorpecida por instancias religiosas que se creen embajadores de la verdad universal.

Que el Código Penal reconozca la crítica situación en la que algunas mujeres deciden hacerse un aborto y evite su muerte es apenas lógico y realista. Entre los múltiples aportes del feminismo está el haber desbaratado la creencia de que ser mujer significa alinearse con un concepto universal en el que encajamos todas por el solo hecho de tener características biológicas comunes. Esto nos permite comprender que nuestras experiencias y ontologías son diversas, que nuestros cuerpos son atravesados por la realidad de maneras específicas. Que el Código responda a esa diversidad de realidades es lo mínimo que podemos pedir, pero no es ni será lo único.

Porque detrás de la penalización y criminalización del aborto está la penalización y criminalización del placer femenino. Solo entendiendo esto se puede comprender por qué algunas personas están de acuerdo con el aborto en casos de violación, pero no por la libre decisión de la mujer. El orgasmo femenino se debe pagar con un embarazo no deseado. El embarazo es el precio del placer. La denuncia feminista de que lo privado es político nos dice que el placer también lo es. Cuando se habla de aborto, la variable “placer” cambia drásticamente la opinión pública y todos los dispositivos reaccionarios se manifiestan dejando vislumbrar el temor que le tienen a la sexualidad femenina.

Temor porque las mujeres sientan placer sexual. Es un hecho político, significa que gobiernan sus cuerpos, que los disfrutan plenamente y que, en una relación coital, están en situación de igualdad con su pareja. Temor porque cuando una mujer es dueña de su cuerpo difícilmente puede ser víctima de violencia y explotación. Por eso seguiremos pidiendo la despenalización completa del aborto como una de las formas urgentes de despenalizar el placer y el cuerpo. Lo seguiremos pidiendo hasta conseguirlo porque estamos aburridas de que nuestros derechos sean dosificados en función del capricho de los gobiernos de turno y, peor aún, de las iglesias que ennegrecen el horizonte de nuestros derechos.

Mientras tanto, las activistas vamos a seguir velando porque ninguna otra mujer más muera a causa de un aborto clandestino. Y vamos a seguir resistiendo a los reaccionarios porque nuestras peticiones responden a la realidad de las mujeres y no así a ficciones escritas por y para los hombres.

* activista e investigadora feminista. Editora de la revista Mulier Sapiens.

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