Columnistas

La plaza (re)apropiada

Los nietos de la élite oligárquica nuevamente se han apropiado de la plaza 14 de Septiembre

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

02:09 / 06 de octubre de 2015

Recorrer la plaza 14 de Septiembre en la ciudad de Cochabamba significa respirar un aire grato, impregnado de flores y acompasado con el trinar de las aves, apostadas en los árboles. Claro, desde esta perspectiva, uno pensaría que ese espacio público fue diseñado exclusivamente para el sosiego y hasta para la inspiración poética. Sin embargo, a lo largo del tiempo también se constituyó en un espejo de las tensiones sociales, amén de acompañar la configuración política local.

Por su densidad histórica y sus rasgos arquitectónicos, esta plaza, ubicada en el corazón de la ciudad, se ha erigido en un espacio público signado por una recurrente disputa de (re)apropiación simbólica. De esta manera, al igual que locaciones sociales y políticas de otras urbes, en este espacio público se comprime por excelencia la memoria de las disputas por el poder en la llajta.

En rigor, desde la Colonia, esta plaza estuvo sujeta a una serie de estrategias, para que a partir de su apropiación, real y simbólica, se proyecte políticamente la construcción urbanística y cultural de la capital del valle. De allí su significación insoslayable en diferentes momentos de la historia cochabambina. Por ejemplo, fue escenario de la guerra de la independencia durante el desalojo de las autoridades coloniales.

De igual manera, en el ocaso del siglo decimonónico, la élite oligárquica cochabambina —como bien señalan los historiadores Gustavo Rodríguez y Humberto Solares— en su afán de “modernizar” la ciudad se reapropió de la plaza principal, expulsando a las chicherías apostadas en ella, y para tal fin  urdió discursos moralistas y de higiene pública, a tal punto de culpar a las chicherías de las epidemias que azotaban en ese momento a la ciudad; estrategia que develó la mentalidad segregacionista que imperaba en aquel entonces.

Hablando de hechos más recientes, en el curso de la “guerra del agua” —de acuerdo con el sociólogo Jorge Komadina— los sectores plebeyos cochabambinos tomaron la plaza, que en ese momento representaba la irrupción popular en el poder regional. Esa presencia plebeya luego se concretó en la administración del poder municipal por parte del Movimiento Al Socialismo (MAS). Vistas así las cosas, los resultados  de los últimos comicios municipales, celebrados en marzo, en cierta medida vendrían a significar el retorno al control de la ciudad de aquella vieja élite tradicional, si bien con nuevos atavíos, pero acompañada por la recurrente mentalidad modernizadora y excluyente.

Ahora bien, la presencia de esta élite en el poder edil cochabambino, al parecer decidida a marcar su diferencia o distinción de entrada, dispuso remodelar la plaza 14 de Septiembre como si fuera parte de su ritual de retorno, esgrimiendo argumentos de progreso urbanístico parecidos a los de la élite oligárquica decimonónica.

Desde esta su perspectiva, si antaño fueron las chicherías que afeaban a la plaza, últimamente han sido los comerciantes, los artistas callejeros y los activistas políticos. Para revertir esta “tendencia”, los nuevos munícipes hoy no solamente pretenden hacer pasos peatonales a la usanza de la plaza cruceña, con un criterio arquitectónico sin sentido histórico      —incluso afectando el tráfico vehicular (ya de por sí bastante congestionado en el centro de la ciudad de Cochabamba)—, sino que además anunciaron su intención de dictar una ordenanza municipal, orientada a expulsar a todos aquellos considerados como “indeseables” para la mentada modernidad de la plaza central cochabambina. En síntesis, los nietos de la élite oligárquica cochabambina nuevamente se han apropiado de la plaza 14 de Septiembre.

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