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La plaza

La plaza del estadio, en el barrio de Miraflores, ha sido rebajada a basural rodeado de monolitos

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Morales / La Paz

00:11 / 01 de abril de 2017

Debe ser porque uno pasa de largo. Y además apurado por una de las principales plazas de la ciudad de La Paz. Y es contradictorio, porque las plazas no son para pasar de largo ni apurado, sino para vivirlas, para sentirlas y hacerles compañía. Porque ellas, las plazas, están ahí esperando. Tan acogedoras y cómplices que son y seguirán siendo el punto de encuentro, de citas y confidencias.

Pero debe ser porque uno pasa de largo, o demasiado apurado, que la plaza del estadio, en el barrio de Miraflores, ha sido rebajada a basural rodeado de monolitos, de decenas de cabezas calvas y otras esmeradas reproducciones de Tiwanaku. Todo hecho con el inocultable propósito de llamar la atención, sobre todo de los turistas.

Las gradas que bajan hacia el lugar de las figuras emblemáticas de varias culturas de hace miles de años están convertidas en meadero y cosas peores. En el interior de la plaza hay todo tipo de desechos, sobre todo plásticos. Una de las reproducciones de las creaciones de culturas milenarias está rota. La hierba está crecida, lo que revela que el abandono viene de lejos, que la basura y otros desechos no son del último partido de fútbol.

Sin embargo, la basura que provoca la reunión de multitudes es rápidamente recogida. En las graderías del estadio no permanece ni 24 horas. En las calles adyacentes, lo mismo. Y ni qué hablar de las entradas folklóricas, donde la basura se recoge casi al mismo tiempo en que los bailarines se recogen.

En el caso de la plaza del estadio de Miraflores, un lugar creado para atraer, para admirar, desde hace  tiempo que provoca asco. Un vecino, cámara fotográfica en mano, comenta que hace semanas llama a los teléfonos de la Alcaldía y envía fotos por WhatsApp para denunciar y pedir que se haga algo por este pequeño espacio paceño. Y nada, nadie reacciona a sus súplicas. El vecino me habla de la Ciudad Maravilla, del empeño que le pusimos para conseguir el título.

¿Será mucho pedir que el Alcalde, el presidente del Concejo, algún concejal pasee por esta plaza? (Conozco a un concejal que vive a apenas dos cuadras). Es necesario que lo hagan. No es suficiente enviar a algún funcionario a ver qué pasa, a verificar si esta versión es exagerada. Es necesario que vaya el burgomaestre para que se indigne; para que se avergüence, para que se sienta humillado; para que sienta lo que sienten los vecinos de la plaza.

Lo que hay que hacer es demasiado sencillo y barato. Nada más precisa de decisión, una instrucción, apenas una orden. Aunque si uno opta por la positiva, esta mugre puede ser parte de una estrategia de concientización ciudadana. De mostrar al mundo cómo se ve de fea una plaza si se le echa basura. Puede ser que este, el de la plaza del estadio en Miraflores, sea un ejemplo de cómo las malas y feas costumbres pueden convertir a una hermosa plaza en un sitio desagradable y feo. Y cómo perjudica a una “ciudad maravilla”.

Me recuerda una reflexión del gran humorista David Santalla en la peña de turistas de la Jaén: si ustedes ven a niños mal vestidos, andrajosos, mal alimentados, arrastrándose por el suelo en las calles de la ciudad, no vayan a pensar que es por la pobreza. No, no es un problema de pobreza: esos niños están creando anticuerpos para ser resistentes a las enfermedades.

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