Columnistas

La población en escena

La fiesta en espacios públicos es el medio favorito de los políticos para atraer la presencia masiva de la gente

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:00 / 24 de julio de 2014

Los años electorales son etapas en las que las ciudades y sus espacios de vida colectiva, como son las calles, plazas y parques, ven modificar su versatilidad habitual a partir de las distintas proclamaciones de los candidatos que aspiran a gobernar un país. Así, esos actos son el medio para hacer conocer sus ofertas gubernamentales.

En el caso de La Paz, no faltan los grandes eventos llevados a cabo con un despliegue abundante de los distintivos de cada partido político. Es cuando la maquinaria política hace presencia con todos sus tentáculos, iniciando la fiesta democrática acompañada por ofrecimientos cargados de ilusiones y esperanzas.

En dichos actos la música forma parte importante del festejo, apoyado por grupos de trascendencia artística que colaboran en alimentar la algarabía de los asistentes. Sin duda se trata de un recurso que busca hacer real la ficción de “unidad”, aun sin que la población asistente se conozca entre sí. A pesar de ello, la población acompaña con alegría todo ritual político que sucede en esta urbe. De hecho, la fiesta es el medio de conquista que logra atraer la presencia masiva de la gente. Una catarsis que apoya el éxito del evento.

Con un cambio de matices, actos similares se realizan en la mayoría de los países. La diferencia es que quienes buscan dirigir sus naciones cuidan cualquier exceso, porque esto podría empañar su propuesta.

En épocas como la descrita, La Paz sufre una alteración en su vida cotidiana, y no solo por la intensidad de la propaganda electoral, sino por la lamentable situación en la que queda la ciudad al finalizar esa batalla de intereses. Lo curioso es que si bien el municipio multa por el deterioro de los muros, parte de los recursos recaudados deberían ser también para aquellos propietarios que se ven obligados a repintar sus paredes. Asimismo, la costumbre de pegar afiches en los muros y postes de luz debiera dar paso a otros métodos de propaganda y nuevas formas móviles y fáciles de eliminar los carteles cuando todo termina.

Algo relevante es que La Paz es una ciudad que no deja de aprovechar el valor y uso extraordinario de sus plazas. Para el tema electoral, son identificadas no solo por su dimensión, sino porque evocan significados singulares. Es por ello que la plaza Villarroel, por ejemplo, albergará nuevamente concentraciones políticas, ya que no representa la simple placita de barrio, sino aquella que rememora hechos históricos de cambios sociales; de ahí que su carga simbólica es grande. Otro caso es la plaza Abaroa, pero con otras connotaciones.

Actualmente, sin embargo, pareciera que la propaganda electoral está perdiendo todo norte, ya que se muestra arrolladora, especialmente en su presentación. Los griegos afirmaban que “no debía existir alguien interesado en la polis si no conocía su retórica”. Hoy, en cambio, la retórica es lo menos importante. Y es que esa base conceptual (ideología) que inspira a un partido está aparentemente desplazada a un segundo plano, olvidando a quienes escuchan y observan para decidir su apoyo. Así, poco se puede transmitir a través de la propaganda, la cual incluso llega a fundirse con la comercial.

Por último, no se debe olvidar que en época electoral la población ingresa a escena y a un primer plano; convirtiéndose cada uno de los ciudadanos en un personaje principal, ya que, a fin de cuentas, define cualquier elección con el valor e importancia de su voto.

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