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No más pobreza

Además de trabajar en reactivar el crecimiento, no debemos olvidarnos de la inclusión.

La Razón (Edición Impresa)

00:41 / 17 de octubre de 2016

En el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, que se celebra este 17 de octubre, vale la pena preguntarnos: ¿podrá América Latina y el Caribe ganar la lucha contra la pobreza? De acuerdo con las últimas cifras del Banco Mundial, la pobreza extrema en el mundo, calculada como un ingreso menor a los 1,90 dólares al día por persona, continúa cayendo, a pesar del letargo crecimiento de la economía global.

Mientras tanto, en América Latina y el Caribe la pobreza, según la línea de los 2,50 dólares al día, bajó de 25,5% a 10,8% entre 2000 y 2014. Asimismo la inequidad se redujo en gran medida, ya que el 40% de la población con menores recursos logró aumentar sus ingresos a tasas mayores que el promedio. Todo ello gracias al crecimiento económico como resultado de la bonanza de las materias primas en la década pasada, que se tradujo en más y mejores empleos, y, en menor medida, a la contribución de programas sociales como Prospera en México y Bolsa Familia en Brasil, enfocados en romper el ciclo intergeneracional de la pobreza de las familias con menores recursos.

En suma, la región ha experimentado una profunda transformación social. Por primera vez hay más personas viviendo en la clase media que en situación de pobreza. Ahora somos una sociedad más conectada y con mayores expectativas. Si antes cualquier oportunidad era agradecida, ahora cualquier avance es visto como insuficiente. Contamos con una población más exigente tanto con la economía como con las autoridades. El reto, entonces, es convertir estas expectativas en realidad justo cuando el entorno se ha complicado. El auge de las materias primas es ahora historia, los recursos económicos disponibles son menores y la economía global crece poco.

En este contexto, la región necesita reactivar sus motores de crecimiento económico. Si bien nuestros últimos pronósticos muestran que por fin la región volverá a crecer (un 1,8% en 2017), es difícil pensar que este ritmo será suficiente para acelerar los avances contra la pobreza y la desigualdad, y seguir expandiendo la clase media.

El comercio internacional es sin duda uno de los motores que puede impulsar dicho crecimiento. Si bien buena parte de las economías de la región han estado por años centradas en la producción y exportación de materias primas, ahora deben diversificar su producción y los destinos de dichos productos.

Además de trabajar en reactivar el crecimiento, no debemos olvidarnos de la inclusión, ya que América Latina y el Caribe sigue siendo la región más desigual del mundo, pese a los históricos avances de la década pasada, los cuales desafortunadamente se han estancado desde la desaceleración económica.

Una manera de combatir la desigualdad y al mismo tiempo prepararnos para la economía del futuro es invertir en la gente y, más concretamente, proporcionar mejores y mayores oportunidades a los niños. Se trata de mejorar su acceso a servicios básicos como agua, saneamiento y salud; al igual que a una educación de calidad e internet, a fin de desarrollar las destrezas necesarias para un mejor futuro.

Según nuestro nuevo Índice de Oportunidades Humanas, actualmente el acceso a la educación para los niños menores de 16 años en América Latina y el Caribe es prácticamente universal. Y estos avances fueron particularmente vertiginosos en países que se hallaban más rezagados a comienzo de siglo. Guatemala, por ejemplo, logró duplicar la tasa de finalización de primaria entre 2000 y 2014. Asmismo Bolivia incrementó esta tasa de 69,7 a 82,9% en el mismo periodo.

En ese mismo periodo, la región amplió el acceso a tecnologías de la información y de la comunicación. El acceso a telefonía celular, en particular, pasó de 13% en 2000 a más del 90% en 2014. Por otro lado, a pesar del rápido crecimiento del acceso a internet, su acceso sigue siendo muy bajo. Mientras Costa Rica tiene la tasa más alta de acceso a internet (49%), algunos de sus vecinos presentan una tasa muy inferior.

Este Índice nos recuerda cuánto hemos avanzado, pero también cuánto nos falta para asegurar mayores y mejores oportunidades para todos. Aumentar la calidad de la educación y lograr mayor acceso a los avances tecnológicos serán esenciales no solo para reactivar el crecimiento, sino también para profundizar la gran transformación social iniciada hace más de una década. Solo así podremos ganar la lucha contra la pobreza y la desigualdad.

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