Columnistas

Sin poder tocar fondo

Los errores y desaciertos del TSE  ponen en entredicho la legitimidad de cualquier elección

La Razón (Edición Impresa) / Lourdes Montero

00:06 / 13 de abril de 2015

Desde hace tiempo, los bolivianos y bolivianas presenciamos con asombro cómo la legitimidad del Tribunal Electoral cae en picada sin poder tocar fondo. Esto ocurre cuando, de manera esquizofrénica, gozamos de la más avanzada legislación constitucional que adopta para su gobierno la forma democrática participativa, representativa y comunitaria. No es el único caso en que nuestras aspiraciones expresadas en la legislación no tienen correlato en la fortaleza institucional, pero este parece ser un caso emblemático.

Y nos preguntamos ¿a qué se debe esa brecha entre lo deseado y lo realmente existente? Muchos argumentan que la ampliación de la representación, vinculada al ingreso al Estado de personas con poca experiencia, ha sacrificado la calidad de la gestión pública. Otros argumentan que las nuevas leyes son inapropiadas y dejan a sus operadores en una peligrosa ambigüedad. Algunos seguramente podrán atribuir al Imperio todos los desaciertos. Pero la realidad es contundente: cuando creemos ya absolutamente inaceptable una actuación del Órgano Electoral y exigimos su dimisión, se hace pública una nueva equivocación, superando la anterior.

Y los errores no son menores. Los últimos dos procesos electorales en Bolivia se han realizado con un padrón electoral dudoso. Posteriormente le siguen una serie de inhabilitaciones que vulneran el derecho a la libre elección (casi la mitad de candidatos inscritos en el país han sido inhabilitados). A esto se suma una serie de decisiones del Órgano Electoral que han dejado grandes signos de interrogación sobre su competencia e imparcialidad. Todo esto deja en evidencia una guerra sucia interna entre los vocales, que ha perdido todo sentido y parece ser la única directriz de sus decisiones. Lo peor es que esta falta de madurez y liderazgo del Órgano colegiado nacional cae en cascada y contagia el espíritu de los Tribunales Electorales Departamentales, que se ven obligados a parcializase en la disputa y no pueden mantener sus decisiones, perdiendo a su vez credibilidad.

Un ejemplo vergonzoso, entre muchos, es el del candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS) a la Alcaldía de Chulumani, Aníbal Beltrán Uzquiano, imputado por delitos de narcotráfico y denunciado por hechos de corrupción que luego de ser inhabilitado por el Tribunal Departamental de La Paz, es restituido por el Tribunal Supremo Electoral. Otro de los problemas que provocó mayor desgaste en la legitimidad del TSE fue la inhabilitación de UD a escasos nueve días antes de las elecciones. Este error les valió una observación severa del Jefe de la misión de observación de la OEA.

Varias voces señalan que esta debilidad institucional favorece al partido de gobierno y contribuye a su ambición centralista de poder. Esta aseveración es equivocada. Los errores y desaciertos del TSE no favorecen a nadie, ya que ponen en entredicho la legitimidad de cualquier elección, y esto resta fuerza a todas las autoridades electas, incluyendo a Evo Morales, Luis Revilla, Rubén Costas y Soledad Chapetón.

Ya superadas las elecciones departamentales y municipales, parece inútil plantear cambios en el TSE, y algunos apuestan a que esperemos la muerte lenta del fin de su mandato. Sin embargo, los desafíos de la democracia no han concluido y ahora enfrentaremos una serie de referéndums autonómicos que pueden cambiar la historia del país. Este desafío requiere indudablemente una institucionalidad fortalecida que claramente no será producto del Órgano colegiado actual. La Asamblea Legislativa tiene la palabra.  

Es cientista social.

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