Columnistas

La política entre copas

Espero equivocarme al afirmar que la danza del alcohol es parte de la cultura política del país

La Razón / Carlos Guzmán Vedia / La Paz

00:00 / 21 de noviembre de 2012

Desde Silvio Berlusconi hasta Teresa Nominé, el poder es un fenómeno que ha mareado a los dirigentes políticos a lo largo de la Historia. Basta recordar las orgías que ofrecían los emperadores romanos a sus dioses; los suntuosos bailes de máscaras en los que participaba la nobleza francesa. En la época victoriana, la doble moral fue una norma en Inglaterra. Mientras la Reina alargaba los manteles para neutralizar los deseos de los barones, por otro lado estaban las cortesanas, que aliviaban los deseos sexuales de los monarcas.

Los dirigentes del Estado Plurinacional no son ajenos a estas tentaciones. De un modo criollo y vernacular han sabido “ritualizar” su poder. El prístino en la cuestión fue Abel Mamani Marca, otrora temido dirigente alteño que en funciones ministeriales fue fotografiado en estado etílico junto a una linda cortesana al mejor estilo inglés. Tristemente recordado será Félix Patzi Paco, quien —debido a la imprudencia de conducir ebrio— fue arrestado, truncando así su carrera política de llegar a la Gobernación de La Paz. Ni sus llantos ni mil adobes fueron suficientes para conseguir la indulgencia del presidente Morales. Impune quedó el senador Fidel Surco, detenido por vecinos alteños después de conducir alcoholizado, chocar una vagoneta oficial y dormir su ch’aqui en celdas policiales, sin embargo, fue apoyado por el Vicepresidente y mantuvo su curul.

Septiembre tuvo muchos festejos debido a la efeméride cruceña. Quienes honraron en demasía e irresponsablemente fueron los asambleístas Rose Marie Sandóval, de la agrupación Verdes; y Lucio Vedia, del MAS. La primera fue detenida luego de enfangar su movilidad por manejar en estado etílico después de celebrar la no suspensión del Gobernador. Su colega Vedia fue bastante duro con ella, declarando que merecería tres años de cárcel por cometer ese delito. Días después, éste fue encontrado saliendo de un boliche con compadres, conduciendo una movilidad de procedencia dudosa y en estado de ebriedad. A la fecha se encuentra detenido y sigue culpando a la derecha. La cereza de este inventario la tiene la diputada ayorea Teresa Nominé, quien no solamente estaba borracha, sino que además protagonizó un patético escándalo en un restaurante.

La política alcoholizada del país tiene sus raíces en instituciones como la universidad, sindicatos, movimientos sociales, debates políticos, círculos de estudio, etc. Espero equivocarme al afirmar que la danza del alcohol es parte de la cultura política del país; más aún en estratos dirigenciales, en los que la bebida ha salido del ámbito íntimo y social, para afectar la parte laboral y pública de la dirigencia y sus bases. Con estas líneas no se pretende lograr una actitud puritana y abstemia de los dirigentes. Sin embargo, se pone en evidencia que esas actitudes deterioran su imagen como representantes de la ciudadanía, deslegitimándolos con actitudes irresponsables como las ya mencionadas. ¿Acaso no se puede llegar a tener un debate político intenso y apasionado sin la imperiosa necesidad de la borrachera como catarsis?

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