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‘Ni de política ni de religión’

Ni la ofensa ni la crítica están dirigidas a la Virgen, sino a los falsos devotos, quienes, en nombre de la fe, cometen excesos en este tipo de fiestas que de ser religiosas, se tornaron completamente paganas.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose*

00:00 / 04 de marzo de 2018

En la mesa no se habla de política ni de religión”, reza un dicho popular. Es probable que esta frase sea conocida, porque ambos campos conllevan apasionamientos tan desmedidos y tenaces que muchas veces llegan a bordear lo irracional. La ceguera que producen lleva a extremos peligrosos, aun la muerte. Todo fanatismo conduce inevitablemente a la intolerancia, tanto de ideologías como de creencias.

El 21F mostró la polarización. De un lado, los primeros apoyan a la repostulación de un presidente que está más de una década en el poder abrigado por logros sociales para los indígenas. Éstos son indiscutibles: la nacionalización de las empresas estratégicas o la actual demanda marítima superan todo lo hecho en 20 años por gobiernos neoliberales.

Pero además de los aciertos, los errores también están presentes. El conflicto por el Territorio Indígena  Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) se actualizó con un proyecto de ley que busca eliminar la condición intangible de la zona y garantizar su desarrollo. Está también la violación a la Constitución Política del Estado (CPE), gracias a una resolución del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) que habilita al actual Mandatario para una cuarta reelección hasta 2025, pese a que el 21 de febrero de 2016 ganó en urnas del referéndum el No. Este año se rememoró la fecha a través de paros y bloqueos, mas no la consigna.

Así, del otro lado están los opositores, que pelean ya sea por recuperar el poder o bien para que un indígena no los gobierne, demostrando que el profundo racismo y la discriminación siguen vigentes en un país pluricultural.

En cuanto a la religión, la madre Teresa de Calcuta solía decir que “la fe sin amor te hace fanático”. La pintura de la artista plástica Rilda Paco que muestra a la Virgen del Socavón con un top y una tanga roja, teniendo como espectadores a bailarines de la diablada y morenada, además de un pepino, causó polémica en los creyentes orureños. Este cuadro le costó no solo ser declarada persona no grata en Oruro y la intención de una querella penal, sino también el hostigamiento y acoso.

Sin embargo, ni la ofensa ni la crítica están dirigidas a la Virgen, sino a los falsos devotos, quienes, en nombre de la fe, cometen excesos en este tipo de fiestas que de ser religiosas, se tornaron completamente paganas.

La humanidad tendrá que evocar a Albert Einsten, quien decía que es difícil encontrar cosas absolutas en el mundo: “Puede ocurrir que dos hombres, al medir la misma distancia, lleguen a resultados diferentes sin que esto implique que uno de ellos está equivocado”.

*es periodista de La Razón.

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