Columnistas

Lo políticamente ‘in’correcto

El lenguaje PC no comulga con las máximas de claridad, precisión ni eficacia.

La Razón (Edición Impresa) / José Rafael Vilar

00:38 / 31 de enero de 2017

El 5 de julio publiqué acá Lo ‘políticamente correcto’ sobre los absurdos abusos del empleo de una falsa “corrección política” en nuestro idioma, y prometí seguir. Hoy retomaré el tema desde lo “in”correcto.

“Por hipocresía llaman al negro, moreno; trato a la usura; a la putería, casa; al barbero, sastre de barbas y al mozo de mulas, gentilhombre del camino”. [Francisco de Quevedo, escritor español (1580-1645)]

Con el “debido irrespeto” —me lo “presté” de Paul Krugman— y decepcionando a los que lo consideran avant-garde, es la vieja manipulación del lenguaje que ya mencionaba Gorgias de Leontinos en el siglo V a.d.C., pero el concepto lenguaje políticamente correcto —o lenguaje PC— se popularizó en los 70 y 80 con el supuesto fin muy loable de promover la protección de los débiles, la eliminación de las marginaciones, la defensa de las víctimas, el respeto de las minorías y de la diversidad cultural, religiosa, ideológica y de preferencias sexuales —a los que me adhiero—. Sin embargo, casi nunca lo aparente es lo cierto porque quienes usufructúan un pretendido “liderazgo” de su empleo esconden una creciente manipulación del lenguaje: palabras prohibidas, frases obligatorias, mantras impuestos —más allá de cualquier absurdo—, barbarismos y neologismos, en el mejor de los casos circunloquios —versión actualizada de los significados invertidos del newspeak del orwelliano 1984—, eufemismos que son, muchas veces, una antidemocrática imposición ideológica a través de exageradas —o falsas— victimizaciones.

Los lenguajes PC tienen un origen ideológico: la conjunción de la “visión marxista crítica del discurso” de la denominada Escuela de Frankfurt con la visión del pensamiento deconstructivista sobre el lenguaje como producto de la mentalidad burguesa, promovieron formas de “emanciparse” de “los mecanismos de dominación y encubrimiento” insertos en el lenguaje; a éstos se une la American Anthropological Association con la hipótesis de Sapir-Whorf —“todos los pensamientos teóricos están basados en el lenguaje que una persona habla y la forma en que la persona entiende y conceptualiza el mundo”—, generando en EEUU el denominado movimiento de lo políticamente correcto que termina, en lo peor de sus empleos, en nuevas discriminaciones, y otras veces en lo que Marcelo Colussi advierte en Lo políticamente correcto (Rebelión, 12/03/2011): “hay que tener cuidado de no caer en un puro ejercicio cosmético, en definitiva gatopardismo funcional al statu quo”.

De primera, el lenguaje PC no comulga —discursos y prensa— con las máximas de claridad —sin tecnicismos ni frases difusas—, precisión —términos asequibles a todos— ni eficacia —las palabras justas e indispensables—, lo que termina “hurtando” —censurando— lo que se nos dice. Y no hay que decir que todo ello dista mucho de nuestro lenguaje hablado cotidiano.

Concluyo hoy —pero aún volveré sobre ello— con la versión “políticamente correcta” de la Biblia publicada en Alemania en 2006 por teólogos hombres y mujeres, con Dios neutro —Adonai, “el Eterno” y “la Eterna”, “Él” y “Ella”, “el Santo” o “la Santa”, “el Viviente” o “la Viviente”— y el tradicional Padrenuestro convertido en “Tus hijos e hijas, Dios, que eres nuestra madre y nuestro padre en los cielos, santifican tu nombre…” Pero Satanás, el Diablo, el Demonio, el Mal siguen siendo siempre masculinos. ¿Neosexismo políticamente “in”correcto?

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