Columnistas

El precio de una vida

Muchos asesinos eluden la acción de la justicia y vuelven a las calles con sorprendente impunidad

La Razón / Tribuna - Luis Oporto Ordóñez

02:08 / 17 de julio de 2013

Cada día se reportan crímenes espeluznantes, con dictamen final incierto, pues muchos asesinos eluden la acción de la justicia y vuelven a las calles con sorprendente impunidad, para seguir delinquiendo.

La joven existencia de Loui Álvaro Oporto Almaraz, de 34 años, fue malograda por la miseria humana que anida al interior de sus victimadores. Loui era egresado de la carrera de Antropología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), fue pasante del Museo Nacional de Etnografía y Folklore y del Viceministerio de Descolonización. Antes trabajó como archivista en el Servicio Nacional de Áreas Protegidas, participó en el Censo de Archivos del Servicio de Impuestos Nacionales y en el Sistema de Archivo de la Corporación Minera de Bolivia en Potosí.

Era muy cariñoso con su mascota, Nina, una perra pastor alemán. Hecho que lo obligó a alejarse cada vez más hacia barrios de la periferia, pues ningún dueño de casa aceptaba alquilar o rentar habitaciones a alguien con una perra tan grande. Ante esa dificultad, planeó mudarse definitivamente a una vivienda de su propiedad en El Kenko (El Alto). En el ínterin, Loui recibió una inesperada oferta para un contrato de anticrético por $us 4.500 en el barrio de Cupilupaca, ciertamente más próxima al centro de sus actividades que El Kenko.

La oportunidad no era tal, sino una celada urdida y maquinada por Humberto Parra, un “amigo” que conoció circunstancialmente, pues era empleado de uno de sus conocidos, dueño de una “imprenta” de libros piratas que los vendía en la Feria 16 de Julio de El Alto. El viernes 11 de enero, Loui fue victimado con 27 puñaladas, luego de cruel martirio al que fue sometido con premeditación y alevosía, con saña indescriptible, inexplicable, imposible de creer, pues Loui nunca hizo daño a nadie. Todo lo contrario, fue siempre solidario y atento, incluso con aquel Caín que escondía la daga debajo del brazo.

En el entretecho de la habitación de Humberto Parra (asesino confeso) se requisaron $us 1.800, pero siguen interrogantes sin respuesta, pues los míseros dólares no pueden justificar tanta crueldad. ¿Es ése el precio de una vida útil a la sociedad? ¿Quiénes fueron sus cómplices? ¿Quiénes más participaron en este cruel asesinato? ¿Por qué tanta saña?

El fiscal Julián Marca, que atiende el caso, ha instruido la audiencia de reconstrucción en la escena del crimen. A seis meses de su victimación, la familia de Loui Álvaro Oporto Almaraz pide celeridad, probidad a los administradores de Justicia, a fin de pasar al juicio oral y contradictorio y lograr justicia. No es posible que en pleno siglo XXI se asesinen jóvenes con tanta impunidad. ¡Basta ya!

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