Columnistas

El ‘cómo’, una pregunta ingenua

Si realmente uno comprende bien la teoría, será cuestión de lógica que intuya el cómo

La Razón / Félix Layme Pairumani

01:29 / 26 de marzo de 2013

En seminarios, paneles, coloquios o conferencias, se expone y se discuten más el qué, el dónde, el cuándo, el por qué, el para qué y muy pocas veces se abarca hasta el cómo. Franz Tamayo dijo: “No todo se puede a la vez”. El cómo es el método. En especial es una instrucción metodológica. Es algo así como una tarea de los otros, es más una cuestión práctica antes que teórica. Si realmente uno comprende la teoría, será cuestión de lógica que intuya el cómo. Quizá por eso, muchas veces, no tratan el cómo.

En los eventos teóricos no es plausible tocar con prioridad el cómo, por respeto al otro, porque además de que es tarea de contraparte, sería una actitud paternalista el tratarla, sería como cancelar la capacidad creativa de los demás, a menos que sea un tema instructivo técnico, para las aulas escolares y laboratorios.

Los maestros son profesionales en la enseñanza-aprendizaje. Ellos han estudiado y fueron entrenados para elaborar los planes de clases dosificar los temas de sus materias y, sobre todo, están preparados para enseñar y ahí, en todo eso, está el cómo. No se debe mellar ese mérito y esa capacidad inventiva. Como buen conferencista a veces es preferible callar, porque de lo contrario uno se pasaría de listo respondiendo a todo tipo de preguntas, como si fuese un sabio. Ni preguntar sobre cómo es prudente, porque uno es demasiado tonto o está pretendiendo tantear al conferencista.

Pretender ignorar y preguntarse “cómo implementar la interculturalidad” es sólo un capricho. Ahora, pretender aunar esfuerzos para estandarizar el cómo hacer, implica descender al espacio de la informalidad. Por esa confianza y por el paradigma holográfico andino y sus propias expresiones no tiene sentido. Tampoco en los últimos tiempos en que rige el modelo de la diversidad y alteridad. Existen límites en y para todo; se busca antes valorar las identidades individuales y culturales. Hay que saber que la estandarización anula la creatividad, mientras que la diversidad cultiva la capacidad de inventiva. El equilibrio andino está en saber aportar.

Es absurdo inquirir y responder el cómo en eventos teóricos, porque es ingenuo. El desfile de los pronombres interrogativos lo demuestran. Véase el ejemplo. Qué: el sexo, quiénes: mujer y hombre, dónde: en la cama, cuándo: en la noche, para qué: para tener un hijo, por qué: para dejar descendencia y cómo: ¿Eso más?

Lo que hay de cierto es que detrás se oculta una mentalidad colonizada. Sólo así se explica la pretensión de inquirir todo de forma indiscriminada, como si uno dependiese de alguien al extremo. Y claro, en un país colonizado, se enseña a recibir todo sin dar nada para que dependan más y resulten ser “buenos chicos”. La orientación de la escuela hasta ahora tiene un sentido paternalista. Alguien tiene que hacer todo, porque es quien tiene la verdad absoluta. De esa manera, un profesional se vuelve inútil y un simple ejecutor de ideas ajenas, por tanto, no es creativo. Entonces todo eso de preguntar, ¿cómo hacer en esto o aquel? es producto colonial.

Lo que falta es la decisión de hacer. Los educadores deben creer en sí mismos, y buscar la manera de hacerlo y hasta de soñar, recurriendo a su memoria ancestral. Si no uno no busca en su interior, siempre estará buscando la respuesta afuera, entonces, no está siendo intracultural. El pretender encontrar el cómo afuera responde a un proceder propio de un ser colonizado, de uno que ya no cree en sí mismo, al fin, es la manifestación de un “hombre dominado” como dice Albert Memmi.

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