Columnistas

Yo soy mi primer amor

Una activista pierde credibilidad cuando se ensaña contra otra activista con un enfoque diferente al suyo.

La Razón (Edición Impresa) / Gabriela Ichaso

03:00 / 26 de agosto de 2016

La lucha de una activista pierde credibilidad cuando se ensaña contra otra activista con un enfoque diferente al suyo o porque le quita escenario o palestra. Días atrás, la líder del colectivo Mujeres Creando (reconocido como un ariete innovador, valiente y contestatario del movimiento feminista) descalificó el programa “Yo soy mi primer amor”, conducido por la esposa del Alcalde de la ciudad de La Paz, Maricruz Ribera.

Este programa de talleres y actividades se desplaza desde los tradicionales moldes o estereotipos (aquellos que busca subvertir María Galindo), a formatos innovadores y otras estrategias, “trabajando contra la violencia a la mujer desde un ámbito positivo y buscando prevenir noviazgos violentos”, como reza la información oficial de su red social.

María, a veces tan lúcida, y esta vez tan fanática y dogmática, raya en la envidia, el racismo, la discriminación y la negación al estrellarse contra la persona de Maricruz, quien efectivamente fue piel en cueros y modelo, pero luego fue universitaria y arquitecta, presentadora de noticias, y hoy encarna un proyecto que busca fortalecer el amor propio en las niñas bolivianas; y lo hace con éxito. ¿Qué bronca, no?

¿Si Maricruz caminara desnuda por la plaza Murillo de la mano de su marido les parecería algo lógico y predecible?, ya que, según la viga del ojo de Galindo, ella es tan… ¡objeto! María analiza la vida desde la militancia y esgrime, como el político más anquilosado, las antípodas de su visión de mundo para defenestrar el sorpresivo y mediático éxito de la incipiente activista.

Bajo el estereotipo de que la mujer de lucha tiene que ser sufrida, bajita, gorda, morena... ¿cómo podría ocurrírsele de pronto a la que fue modelo de una fábrica de muebles de cueros ser candidata a presidenta, aunque sea boliviana y tenga la edad que la Constitución Política del Estado exige?

Pero, oh, sorpresa, pudiendo dárselas de cursi primera dama o quedarse en el pueblo que la respeta y la quiere, decidió salir de su esquema y, además de lucirse de pepina, tomar api, visitar las laderas y ¡trabajar con y en favor de las niñas!, procurando darles herramientas para que no pasen situaciones y hechos de violencia que la mayoría desconoce o prefiere ignorar. ¡Qué belleza!

La tiranía de la estética y de los modelos estereotipados, tanto de la belleza como del resto de los “requisitos” que hay que cumplir para vivir sin violencia, deben ser combatidos vengan de donde vengan, sea el mundo publicitario o el feminismo distorsionado. Un cuerpo desnudo para vender sillones de cuero es tan utilitario como un cuerpo desnudo frente a la Catedral para llamar la atención de los medios masivos de comunicación.

Qué manera, María, de intentar emporcar o desprestigiar —al mejor estilo patriarcal y machista (replicando el modelo autoritario y depredador del Gobierno que criticas)— a una mujer que le va bien en una lucha parecida a la tuya, pero que no comparte tu método, tu forma, tu rabieta. Ciertamente Maricruz es rubia, cruceña, le gusta el color fucsia y convoca a miles de mujeres y niñas a ser felices consigo mismas, a quererse más y no dejarse maltratar con nadie, de una manera distinta a la que emplean otras activistas, pero igual de importante. 

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