Columnistas

Yo soy pro vida

Yo soy pro vida porque defiendo las vidas de todas ‘las otras’ que deciden hacerse cargo de su cuerpo.

La Razón (Edición Impresa) / María Belén Luna

01:26 / 29 de marzo de 2017

Dos mujeres asesinadas por aborto clandestino al día debería ser razón suficiente para considerar a quienes defienden los derechos de decidir sobre los cuerpos de las mujeres, y que apuestan por la vida. Sin embargo, existe un mito social impuesto que pone a grupos antiderechos en esa posición. Me parece entonces importante analizar por qué esas personas se oponen a los derechos civiles por excelencia.

Esas personas, casi siempre hombres en traje, arguyen en medios de comunicación, de manera categóricamente misógina, por qué se les debería negar a las mujeres decidir sobre sus cuerpos. Algunas también hablan porque ya ejercieron el derecho sobre su cuerpo en clínicas privadas y discretas, en las cuales pudieron abortar la vergüenza familiar en secreto. No es mi intención señalar con el dedo a quienes tomaron tal decisión ni cuestionar sus acciones, sino resaltar cómo la posibilidad de decidir sobre los cuerpos de las mujeres es en sí un derecho reservado solo para las más privilegiadas, y que constituye un problema de clase.

Quienes rechazan este derecho son los mismos que se niegan a reconocerles los derechos de identidad de género a otras ciudadanas porque consideran que su elección “no es natural”; y que en el pasado se indignaron y vociferaron en contra de las políticas de educación sexual y el uso de anticonceptivos entre los jóvenes y adolescentes.

Esas personas son también las que condenan a la miseria a “las otras” en situación de calle, aquellas que creen que dar chocolate caliente en Navidad es una acción reivindicatoria de justicia social. Son las que dicen indiscriminadamente en televisión y en redes sociales que “las otras” deben cerrar sus piernas, porque quienes viven una vida sexual placenteramente fuera de sus cánones son asesinadas socialmente.

Dejemos claro que, para los antiderechos, solo se considera persona a los hombres (limitadas veces también a las mujeres) heterosexuales, blancos, de clase privilegiada y con una determinada religión. Esas personas, aseguro firmemente, son las que asesinan cada día a “las otras” que no viven según sus normas morales. Una sociedad con estas características es una sociedad que asesina diaria y silenciosa a miles de “las otras” en la oscuridad de los consultorios clandestinos de aborto, y que lucra con nuestro derecho a decidir sobre nuestros cuerpos.

Sus deliberaciones apestan a doble moral e hipocresía asesina. Esas son las personas que dividen a la sociedad en “las otras” y “nosotras” (ejemplos a seguir, por supuesto). Por eso yo no soy solo pro decisión, sino también soy pro vida, porque defiendo las vidas de todas “las otras” que deciden responsablemente hacerse cargo de su cuerpo, porque no hay decisión más responsable que la de no traer al mundo a un ser no deseado, o al cual no se puede cuidar.

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