Columnistas

Los procesos no dependen de caudillos

La Razón / Con la punta de la aguja - Julieta Paredes Carvajal

00:54 / 13 de enero de 2013

La forma cómo nos han relatado y enseñado la historia ha sido siempre la sucesión de hechos heroicos, plagados de fechas memorables, dentro de los cuales sólo han tenido cabida hombres extraordinarios, que nada tienen que ver con los hombres comunes y corrientes que habitan nuestros pueblos. Por supuesto que las pocas mujeres que aparecen en la Historia figuran en un orden patriarcal; y siempre con relación a los hombres, a sus parejas o familiares. Por lo tanto, rara vez mujeres ch'ullas, mujeres sin pareja o un familiar varón van a aparecer en primera fila; aparecerán al último, si es que aparecen.

Voy a recordar algunas palabras que el hermano Evo dijo en repetidas ocasiones: “Yo no soy el chapulín colorado”, refiriéndose a que él es una persona común y corriente como cualquiera (a propósito, hace mucho tiempo que no escucho esa expresión llena de sabiduría) y en esa frase por lo menos reclamaba a hombres y mujeres del pueblo sus propias responsabilidades, respecto al Gobierno y al proceso de cambio.

Siempre me he rebelado contra la mitificación de las personas. De niña he admirado apasionadamente al Che, a Jesucristo, a Juana Azurduy; pero apenas crecí y maduré, me parecía injusta la manera deshumanizada de recordarles. El ejemplo más evidente es el tener en las iglesias imágenes de Jesús torturado, arrodillarse ante esta imagen y pedirle favores; eso me horrorizaba. Cuando me enteré de la historia real de mi guerrillera favorita fue terrible. Ella era algo así como la Xena de mis años de wawa, saber que Juana acabo pidiendo limosna y se le murieron sus wawitas, !qué terrible!

Los sigo queriendo, a cada uno de ellas y ellos, que fueron mis héroes y heroínas. Pero hoy otro sentimiento me reclama desde dentro de mí ser: la compasión, el cariño compasivo; sentimiento que hoy me produce el compa Hugo Chávez. No puede ser que los procesos revolucionarios hagan que los pueblos deshumanicen a los hombres y mujeres, y los conviertan en caudillos. Los caudillos están alejados del pueblo, son convertidos en súper héroes; o sea,  no humanos. Estos súper héroes están obligados a no fallar, a tener la razón siempre y, por supuesto, a no tener o no demostrar ninguna debilidad o enfermedad. Es una práctica necrófila del movimiento revolucionario, es cruel delegar a una persona la realización de las utopías sociales. Pero eso es lo que hacemos por flojera de pensar y crear, por la comodidad de ser opinólogos y de no embarrarnos las manos de aciertos y equivocaciones que suceden al hacer la revolución.

Yo espero y estoy esperanzada de que el pueblo venezolano, el que yo vi apoyar a Hugo en las urnas, hoy apoye el proceso revolucionario que le pertenece, porque los procesos son de mujeres y hombres de los pueblos,  y no son de los caudillos. Algunos hombres y mujeres son símbolos reconocidos y queridos, pero no podemos, no debemos, convertirlos en caudillos, porque si no, los procesos no son auténticos y tendremos que esperar mucho más para cambios revolucionarios. Salud hermano Hugo.

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