Columnistas

Las profecías económicas

2014 fue un año sorpresivo, en el que la cereza del pastel resultó ser el desplome del precio del petróleo

La Razón (Edición Impresa) / Gabriel Loza Tellería

00:00 / 10 de enero de 2015

No sé por qué razón la ciencia económica está muy ligada a saber algo sobre el futuro. Todo documento del rubro que se precie siempre contiene un capítulo sobre perspectivas de mediano o largo plazo, debido en parte a la influencia de los modelos econométricos y probabilísticos que “formalizaron” las variables del análisis económico. Pero esta tendencia solo viene desde principios del siglo pasado.

Así, Adam Smith y David Ricardo no entraron al tema de las profecías económicas, fue Tomas Malthus el que hizo la predicción de catástrofe asociada al aumento de la población a un ritmo geométrico, mientras el crecimiento de los recursos para la subsistencia crecía a un ritmo aritmético. Marx continuó con su profecía del derrumbe del capitalismo, que predijo su inevitable crisis debido a la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Empero, los neoclásicos, que surgieron por 1870, debido a su análisis estático, que partía de una situación inicial y una final de equilibrio, se centraron en la formación de precios y la organización del mercado, y al no tener muy en cuenta el elemento tiempo, no hubo campo para la profecía. Fue en 1926 cuando Ragnar Frisch introdujo el término Econometría, que combina la teoría económica, la estadística y la matemática, que impulsó los modelos dinámicos y la proyección de las variables económicas que tuvieron auge con los poskeynesianos y monetaristas hasta nuestros días.

Pese a los grandes avances de la economía, terminó siendo una ciencia postmorten, por analizar lo que ya pasó, después de las crisis. Aunque hay excepciones, resulta que ahora casi todos los economistas habían pronosticado la crisis de las hipotecas “sub prime” y la crisis financiera de 2008. Sin embargo, para muchos el 2014 fue un año sorpresivo, puesto que solo se centraron en el fin del relajamiento cuantitativo monetario del la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y en las dos velocidades de crecimiento entre los mercados emergentes y los países adelantados.

Alteró el panorama la intervención rusa en Ucrania, las sanciones económicas de EEUU y la Unión Europea contra Rusia, con fuertes implicaciones económicas, y la cereza del pastel resultó el fuerte coletazo del desplome del precio del petróleo, cuando el FMI pronosticaba un aterrizaje suave. Esta caída, sumada a la anterior declinación de los precios de los minerales y la ligera disminución de los precios de alimentos (6,4%), tuvieron sus consecuencias en las llamadas “monedas  commodities”. Así, las caídas de precios tuvieron fuertes impactos en los países exportadores,  como la devaluación del rublo (40%), del peso colombiano (19%) y del peso chileno (13%), junto al real brasileño (11%). Lo relevante fue la alta volatilidad cambiaria de los países adelantados, donde resalta la devaluación de la corona noruega (19%), del dólar canadiense y del dólar australiano (8%), monedas que se suponían estables. El ganador resultó el dólar estadounidense y hoy se habla de un dólar fuerte para todo el 2015, situación que tiene implicaciones para los “commodities reserva de valor” como el oro y la plata, que eran refugio cuando había crisis financiera y un dólar débil.

En todo este contexto llama la atención que hasta hace poco los índices de las bolsas de valores, como el Dow Jones de Estados Unidos, alcanzaron récords históricos, aunque ahora parecen entrar a una fase de declinación, pero mi religión no me permite hacer pronósticos para el 2015. 

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