Columnistas

A propósito del racismo

El afiche gubernamental causó escozor entre aquellos que no soportan ver el racismo de frente

La Razón (Edición Impresa) / Yuri Tórrez *

00:04 / 30 de mayo de 2017

Después de leer el tuit de la ministra de Comunicación, Gisela López, disculpándose por un afiche oficial en el que aparece una joven vestida con una polera con los colores de la bandera cruceña golpeando a otra mujer pero de pollera, con un kimsacharani (chicote de cuero de tres puntas), lo mejor sería cerrar el telón del acto de pantomima que dice combatir el racismo.

¿Cómo lidiar contra el racismo? ¿Ocultándolo? Si es así, propongo al Ministerio de Comunicación difundir un lienzo o un afiche en el que se muestre a unos ángeles (pueden ser los ángeles de Calamarca) sonrientes y anudados en un entrañable abrazo celestial, junto a un texto que afirme: “Así somos los bolivianos”. Ese mensaje sería una impostura, un artificio fantasioso, una ofensa a nuestro sentido común. Estaríamos escondiendo el racismo debajo de la alfombra, como hizo por mucho tiempo el discurso del mestizaje.

Esa estrategia de encubrir el racismo no es el derrotero. Ese susodicho mensaje que reproduce una escena que viene de los tiempos en los que matones de la Unión Juvenil Cruceñista, azuzados por la dirigencia cívica, agredían a los indígenas con látigos y palos. Claro, ese mensaje desató la ira de aquellos que no resisten verse en el espejo. Sabemos que el espejo te devuelve tu propio reflejo, tal como eres. Es una sensación espectral que atormenta. Por esta razón, la polémica imagen del afiche gubernamental causó escozor entre aquellos que no soportan ver el racismo frente a sus castos ojos. Esa imagen hurgó el avispero. Interpeló y, en consecuencia, molestó a aquellos que prefieren hacer la vista gorda frente el racismo. Un mensaje debe cuestionar, no debe ser contemplativo; y más aún en un tema como el racismo.

Evidentemente, la cruzada contra el racismo es un desafío descomunal, en tanto apunta a propagar valores esenciales que configuren una sociedad más tolerante. Escenificar el racismo no es malo, aunque ciertamente el tratamiento del mensaje debe estar “bien pensado”, para no caer en estigmatizaciones (o generalizaciones) peligrosas y mal intencionadas que inciten a la violencia. Pero escenificar o simbolizar la realidad no es malo. En todo caso, el meollo de la cuestión está en la decodificación del mensaje. Ya que cada quien lo interpretó a partir de su vivencia personal. Es obvio, muchos lanzaron un grito al cielo por este mensaje. Por algo será.

¿Por qué se rasgan las vestiduras? ¿Acaso no hay racismo en Bolivia? ¿Acaso esa imagen polémica del afiche fue una manipulación burda? ¿Acaso no ha sucedido en la realidad? Eso no significa aguijonear el racismo, como algunos insinuaron, quizás porque se sintieron agraviados. La imagen cuestionada grafica los acontecimientos luctuosos tal como ocurrieron, cuando los grupos de poder cruceños reactivaron el racismo a fines de la década pasada en nombre de la autonomía. Tal polarización en torno al clivaje étnico fue impulsada con esas actitudes racistas.

Hoy sigue intacto un racismo descarado que por ejemplo se manifiesta en las redes sociales. A su vez la ministra, para congraciarse con los ofendidos, se quiso desmarcar del mensaje afirmando que se trataba de un “dibujo tosco, estigmatizador”,  y agregó un gesto inquisidor: “sancionaremos (su) difusión”, aunque quiso suavizar al final de su tuit, reconociendo que “la realidad fue más cruel”. Así, la ministra se puso no solo vendas en sus ojos, sino también una máscara. Lo que me recuerda un par de preguntas formuladas por el escritor Cristian Darras: “¿Qué ve una máscara cuando mira un espejo?/¿A sí misma, otra máscara o sencillamente un espejo”.

* es sociólogo.

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