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La próxima decisión soberana

Sin duda que la constante entrega de obras tiene un efecto, pero la saturación también

La Razón / Baldwin Montero

00:32 / 01 de octubre de 2013

Parecía que a estas alturas ya a nadie le llamaba la atención el tiempo que utilizan los medios del Estado en difundir las actividades de la gestión gubernamental, pero resulta que la Agencia de Noticias Fides se interesó en seguir durante una semana las emisiones de Bolivia TV y sacó algunas conclusiones que bien podrían servir para reflotar un viejo e inútil debate o simplemente para el archivo.

“El canal estatal difunde transmisiones de actos de gestión gubernamental por más de tres horas diarias”, “el 64,7 por ciento de los eventos que irrumpen en la programación del canal estatal tuvieron como protagonista principal al presidente Evo Morales”, “el 17 por ciento mostraron actos que estuvieron liderados por el vicepresidente Álvaro García Linera” y “el 17 por ciento fueron actos cívicos, que la semana pasada estuvieron relacionados con la efeméride de Santa Cruz”. Son algunas de las conclusiones.

El tema ya había ocupado antes la atención de los medios y la ministra de Comunicación, Amanda Dávila, había respondido con cifras de respaldo. En enero de este año, por ejemplo, dijo que la transmisión de los eventos en que se ve al Presidente, en el año 2012, tuvo un costo de 37 millones de bolivianos.

Y la anterior semana mencionó que en lo que va del año se gastaron Bs 20 millones, aunque en transmisiones que no solamente incluyen actividades del Presidente. Para los opositores estas cifras develan un exceso de gasto y para el oficialismo se trata de montos mesurados, tomando en cuenta la actividad gubernamental. ¿Podría ser de otra manera?

Claro que no, por eso reflotar el debate es vano; aunque no está por demás preguntarse hasta dónde las muestras de preocupación por el erario nacional son sinceras o si los oficialistas pensarían lo mismo en pantalones de opositores. 

De lo que no hay duda es que hay preocupación, legítima por cierto, por el efecto electoral de una campaña sostenida a favor de la gestión gubernamental, aunque sobredimensionada en parte por un menosprecio del electorado.

Sin duda que la constante difusión de actos de entrega de obras tiene un efecto, pero la saturación también. Y los bolivianos han demostrado, por demás, que su madurez política va más allá de los mensajes en las pantallas de televisión o en otros medios de comunicación.

Pensar que el bombardeo informativo favorable al Gobierno garantiza la reelección o que el visceral ataque mediático a las acciones del oficialismo consigue lo contrario, es subestimar a la población. Ciertamente el aparato comunicacional del Gobierno ha logrado una amplia cobertura y la oposición tiene menos espacios, pero eso no es novedad. Ocurrió antes y seguro que ocurrirá después.

Gonzalo Sánchez de Lozada había montado un importante y bien financiado aparato comunicacional que no le sirvió de nada para evitar su caída y Evo Morales ganó una elección nacional con un resultado histórico, devolviendo el financiamiento estatal para su campaña.

Pasó lo que pasó porque así lo decidieron los bolivianos y eso mismo volverá a ocurrir en las  próximas elecciones nacionales, cuya fecha tentativa es el 4 de octubre de 2014 y que de seguro estará antecedida por la entrega de megaobras como el Teleférico La Paz-El Alto, la planta de separación de líquidos Gran Chaco o la doble vía La Paz-Oruro.

Pero ese día los bolivianos decidirán con su voto no solamente si aprueban la gestión gubernamental, también decidirán si están de acuerdo con la segunda reelección de Morales o si le dan una opción a los opositores. En ningún caso serán marionetas de los mensajes mediáticos.

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