Columnistas

Solidaridad internacional con el pueblo palestino

La paz solo se puede alcanzar con una solución justa, global y definitiva a todos estos asuntos.

La Razón (Edición Impresa) / Mahmoud Elalwani

00:06 / 01 de diciembre de 2018

Cada 29 de noviembre, el pueblo palestino recibe un mensaje del mundo no solo por su lucha por lograr sus legítimos derechos reconocidos por la legalidad internacional, sino también por los defensores y defensoras de la causa palestina, quienes creen en estos nobles derechos y principios que representan la conciencia del mundo, y que luchan por el fin del sufrimiento y la injusticia histórica que sufre el pueblo palestino desde hace 70 años.

El 29 de noviembre de 1947, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó la resolución 181, mediante la cual se divide el territorio de Palestina en dos Estados. Uno para la creación de Israel, con el 54% del territorio, y otro para la creación del Estado de Palestina, con el 44% del territorio. El 2% restante correspondía a la ciudad Santa de Jerusalén, que debía quedar bajo el control de la ONU. Treinta años más tarde, el 29 de noviembre de 1977, la misma organización declaró el 29 de noviembre Día de la Solidaridad Internacional con el Pueblo Palestino, como respuesta a la injusticia cometida contra sus derechos inalienables.

El pueblo palestino y su dirigencia manifiestan un profundo agradecimiento al presidente de Bolivia, el hermano Evo Morales, a su gobierno, y al pueblo boliviano por su solidaridad y apoyo en favor de los derechos inalienables y legítimos del pueblo y del Estado palestinos, reconocidos en todos los foros nacionales e internacionales; así como también por todos los esfuerzos sinceros que han realizado y están realizando para permitir que nuestro pueblo logre consolidar un Estado independiente, libre, soberano y democrático en los territorios palestinos ocupados por Israel en 1967, con Jerusalén Oriental como su capital.

Este año hemos sido testigos de importantes hechos que no podemos dejar de mencionar. El Gobierno de Estados Unidos trasladó su embajada desde Tel Aviv a Jerusalén, reconociendo unilateralmente a esta ciudad como la capital del Estado de Israel; violando de esta manera el derecho internacional. Por otra parte, cerró la representación Palestina en Washington y cortó su apoyo económico en favor de la Agencia de las Naciones Unidas para la ayuda a los refugiados palestinos (UNRWA).

El pasado julio, la Cámara de Diputados de Israel aprobó una ley racista, a la que han dado rango constitucional, declarando la nacionalidad judía del Estado de Israel. Con esta determinación, despojan a más del 27% de los ciudadanos israelíes no judíos de muchos de sus derechos, convirtiéndolos en ciudadanos de segunda clase. Además, esta ley viola el derecho internacional, al anexionar Jerusalén y los asentamientos ilegales en territorios palestinos al Estado de Israel.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se autoproclama defensor de los derechos de todos los judíos, desafiando la legitimidad de los gobiernos del mundo; a tiempo de otorgar el derecho a la ciudadanía israelí y la posibilidad de retornar a Israel a cualquier judío, independientemente del país en el que se encuentre.

La edificación de un muro racista en el corazón de Cisjordania fue rechazada por la Corte Internacional de Justicia (CIJ), y ha sido condenada por la comunidad internacional en repetidas ocasiones. Asimismo, la construcción de asentamientos israelíes no ha cesado hasta el día de hoy, alcanzando más de 197 asentamientos en Cisjordania y en Jerusalén, la capital de Palestina.

La resolución 1515 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en 2003, prevé el establecimiento de un Estado Palestino independiente, viable y unido geográficamente. Las negociaciones sobre el estatuto definitivo para este propósito continúan cautivas por la voluntad de la ocupación israelí y su expansionismo, a expensas de los legítimos derechos del pueblo palestino.

Israel sigue dando la espalda a la comunidad internacional y a los acuerdos firmados con la parte palestina patrocinados por dicha comunidad, con el claro objetivo de no alcanzar una solución global y justa que ponga fin al conflicto, y que proporcione seguridad y estabilidad a todos los pueblos de la región y acabe con años de guerra, sufrimiento y el derramamiento de sangre.

La práctica cotidiana de la ocupación israelí conlleva el cierre de todas las puertas a la solución de los dos Estados, Palestina e Israel, con fronteras reconocidas según la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de 1967. Israel pretende imponer la solución de un Estado palestino con fronteras temporales, o una solución provisional de largo plazo, que eliminaría de su agenda los temas de la solución final, como Jerusalén, refugiados, asentamientos y fronteras. Estas pretensiones no garantizan la paz, la cual solo se puede alcanzar con una solución justa, global y definitiva a todos estos asuntos, aplicando las resoluciones del derecho internacional.

Jerusalén es el título de la paz, Jerusalén oriental es la capital de nuestro Estado. Su bloqueo, su aislamiento y su separación del resto del territorio palestino, la destrucción de su viabilidad y la negación a sus ciudadanos palestinos musulmanes y cristianos de mantener lazos con sus santos lugares dinamita los cimientos de la paz.

Nosotros, en Palestina, hemos elegido la paz de la Justicia para alcanzar nuestros objetivos legítimos de independencia y de libertad y el establecimiento de nuestro Estado Palestino soberano con las fronteras establecidas el 4 de junio de 1967, con Jerusalén Oriental como su capital, de acuerdo con la legalidad internacional; y una solución acordada para el tema de los refugiados, según la Resolución 194 de las Naciones Unidas.

Pero la paz, la justicia y la libertad no pueden ver la luz ni convivir bajo la ocupación. El camino hacia la paz pasa por el respeto mutuo y el reconocimiento de las injusticias históricas que ha sufrido el pueblo palestino. Es necesario el reconocimiento de sus derechos inalienables, lo cual debe culminar con el establecimiento de un Estado independiente, tal como dicta el derecho internacional.

A lo largo de los años, las Naciones Unidas ha trabajado para salvaguardar y proteger los derechos de nuestro pueblo, y siempre ha sido una fuente de base legal y equitativa para resolver la cuestión palestina. Por lo tanto, solo podemos transmitirles la gratitud y el aprecio de nuestro pueblo por este importante papel histórico en la afirmación de nuestros derechos nacionales legítimos, especialmente durante los últimos años.

Exhortamos a las Naciones Unidas y a la comunidad internacional a que sigan apoyando e insistiendo en la aplicación de las resoluciones del derecho internacional, de la opinión jurídica de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), y de las resoluciones del Consejo de Seguridad 242 (1967), 338 (1973), 1515 (2003) y 2334 (2016) como marco básico para una solución justa, definitiva y duradera a la cuestión palestina, y no permitir a Israel, la potencia ocupante, seguir violando estos acuerdos, rechazando su aplicación.

El 29 de noviembre representa la pausa global en el rostro de las fuerzas de la oscuridad que se niega a ver la luz de la paz. Vuestro apoyo y solidaridad con nuestro pueblo reafirman que la ley de la justicia triunfará en última instancia sobre el poder y la tiranía. Hoy se requiere el apoyo de la ONU, que encarna la voluntad de la comunidad internacional, al igual que en el pasado. Estamos seguros que este apoyo y la solidaridad continuarán hasta que Palestina y su pueblo disfruten de la paz, la justicia, la libertad y la independencia como el resto de los pueblos del mundo.

* Embajador del Estado de Palestina en Bolivia.

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