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Sí se puede

Lo más asombroso es la pericia de un Gobierno que ha sabido acompañar el salto adelante de su sociedad.

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Pascual

00:13 / 04 de octubre de 2019

En los últimos meses, después de pasar las últimas legislaturas como diputado en el Congreso español he tenido la oportunidad de regresar por un país que definió mis comienzos en política. Y es que hace 13 años, mientras Evo Morales y Bolivia demostraban al mundo y a un agorero expresidente Carlos Mesa que sí se podía reequilibrar las relaciones de explotación de los recursos naturales con los gigantes del petróleo, yo participaba de tímidos bloqueos a estaciones de servicio de Repsol en España, en un intento de llamar la atención sobre la necesaria solidaridad de nuestro pueblo con aquel que se atrevía a enfrentar la injusticia de relaciones desiguales e inequitativas con la monstruosa transnacional.

Ocho años después me tocaría participar como responsable de organización de la fundación del partido político Podemos, liderado por Pablo Iglesias, en el territorio español. Tuve desde entonces la oportunidad de conocer y estudiar en profundidad las estrategias y orientaciones de gestión de distintas fuerzas progresistas en el mundo. He de decir que, salvando las distancias geopolíticas, económicas y culturales, nunca encontré ejemplo alguno de un país que respetando los derechos civiles y profundizando su sistema democrático lograra avances económicos, sociales y políticos homologables a los de Bolivia.

Pero quizá lo más asombroso es la extraordinaria pericia de un Gobierno que ha sabido acompañar el salto adelante de su sociedad. Mientras que en otros rincones del mundo los avances construían sociedades posmaterialistas y nuevos elencos aspiracionales que acababan por empujar a los pueblos a cambiar el Gobierno abandonando a quienes los habían llevado hasta allí, en Bolivia la evaluación positiva de los logros gubernamentales se sigue hoy traduciendo en la confianza para que éste siga conduciendo los destinos del país una etapa más allá.

La premisa es obvia: hacerlo bien. La Bolivia que revisito hoy tras 10 años de ausencia es un país con una sede de gobierno (La Paz) que ahora cuenta con un ultramoderno sistema de transporte de masas, el teleférico; es el rincón de América Latina en el que mejores condiciones de seguridad pueden encontrarse en las calles; y es un lugar en el que al volver, mi viejo billete de Bs 100 de 2009 sigue equivaliendo a los 13 euros de entonces. Un país en el que se multiplican las escuelas y los hospitales, y el asfalto de las vías acorta distancias que antes parecían imposibles. Estabilidad y crecimiento. Se “han hecho las cosas bien”, y así lo reconocen los bolivianos según todas las encuestas que se han hecho en el país en los últimos meses.

No obstante, me he preguntado siempre cuál era la fórmula mágica, ya que abundaban los ejemplos en los que “hacerlo bien” no bastaba. Quizá, solo quizá, ayude la ausencia de una oposición creíble y en la que puedan reconocerse las mayorías sociales. Pero sin duda es preciso admitir que una de las claves de bóveda de este fenómeno político inusitado estriba en el permanente contacto del presidente, Evo Morales, con la población que le respalda. Mientras me ha tocado ver en primera persona cómo incluso dirigentes políticos sin poder institucional alguno se alejaban de aquellos que les auparon, rodeándose de cohortes de aduladores y espaciando su contacto con la realidad, el presidente Morales ha alargado sus jornadas laborales para encajar día tras día durante los últimos 13 años, sesión de trabajo tras sesión de trabajo, con todos aquellos que requieren soluciones a sus problemas cotidianos.

Ese y no otro parece ser el método del sí se puede boliviano. La retroalimentación positiva que ha permitido a este equipo evolucionar con los suyos, evitando el natural desgaste de la acción de gobierno, y la normal desafección de aquellos a los que el ascenso social propiciado por los años de bonanza les inspira otras aspiraciones de futuro. Mientras regreso a una España en la que la izquierda es incapaz de gestionar conjuntamente el aval de las urnas, pienso que algunos seguiremos mirando a Bolivia con sana envidia y con algo de esperanza en que su particular “sí se puede” no sea del todo inimitable.

* Miembro del think tank del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), y ha sido diputado en el Congreso de España por Podemos en las legislaturas XI y XII.

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