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No lo puedo creer

Una vez más, las potencias atacan a un país pobre para asegurarse el acceso a sus recursos

La Razón / Rolando Morales Anaya

00:32 / 26 de enero de 2013

Con el título de Malí, deber de proteger, La Razón (19.01.2013)  tuvo la generosidad de ceder al argelino-francés Bernard-Henri Lévy una página entera para que exponga cinco buenas razones para la intervención de Francia en Malí. Éstas son: ) Para frenar la instauración de un Estado terrorista en el corazón de África y a las puertas de Europa. 2) Desbaratar el objetivo bélico de Ansar Dine (grupo religioso islámico). 3) Confirmar ese deber de protección que ya estableciera la intervención en Libia. 4) Reafirmar la antigua teoría de la guerra justa que también resucitó con la guerra de Libia. 5) Volver a poner de manifiesto el eminente papel de Francia, de nuevo en la primera línea de la lucha por la democracia.  Juzgue el lector la (in)sensatez de estos argumentos.

Una vez más, las potencias occidentales atacan a un país en vías de desarrollo buscando asegurarse el acceso a sus recursos, pero era imposible de creer que sea Francia que lo haga, con un gobierno socialista y sufriendo una severa crisis económica. ¿Qué recursos son codiciados por las potencias? Oro (Malí es el tercer productor de oro de África), uranio (que vende a Francia), diamantes, piedras preciosas, mineral de hierro, bauxita y manganeso, cobre, plomo, zinc, litio. También, le interesa a Occidente abrir por Malí una ruta para la exportación de hidrocarburos del Sub-Sahara hacia el mercado europeo, a través de Argelia. Por otra parte, la Autoridad para la Investigación Petrolera ha confirmado la riqueza petrolera del norte de Malí.

Esto explicaría por qué esta región desértica y presuntamente pobre sea objeto de tantos apetitos, pues los conflictos con el mundo árabe y musulmán se tienen como común denominador el proyecto occidental de controlar las fuentes de energía, sobre todo el petróleo. Los franceses dicen que tienen como objetivo garantizar que Malí sea seguro, que tenga autoridades legítimas, un proceso electoral y que no haya más terroristas amenazando su territorio.

Pero, ¿por qué Francia se arroga el papel de ser padre de la democracia de un país africano que se encuentra a mucha distancia de París? Según el ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Laurent Fabius, es porque Malí fue una colonia francesa, los habitantes hablan francés, tienen parientes en Europa y porque finalmente Malí se encuentra sólo a tres horas de avión de París. Si esas fueran razones para invadir a otro país, el mundo en desarrollo debería temblar de miedo de posibles invasiones de España, Portugal, Bélgica, Inglaterra y nuevas incursiones francesas.

Alejada de los escenarios de conflicto, América Latina se pregunta, ¿el Occidente ha lanzado una nueva Guerra Santa contra el mundo islámico?, ¿éste se defiende agrediendo a los otros?, ¿o agrede a Occidente para llevarlo a sus creencias y matar a los impíos? Empero, en el siglo XXI nadie hace la guerra por sus creencias religiosas, pero éstas pueden constituirse en un factor para consolidar identidades y nacionalidades, que son importantes en la estrategia de preservación de los recursos naturales contra las invasiones extranjeras y para el desarrollo de sus pueblos.

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