Columnistas

No puedo, no sé cómo

Existe una barrera entre nuestro derecho y el deseo de conservar nuestro trabajo.

La Razón (Edición impresa) / Óscar Iturry

00:00 / 02 de diciembre de 2012

Todos nosotros deseamos a diario expresar mejor nuestras inquietudes, que pueden ser nuevas ideas, necesidades o iniciativas en el ámbito laboral. Y en este afán enfrentamos dificultades que nos impiden expresarnos y comunicarnos de manera clara y acertada para exigir el respeto a nuestros derechos como trabajadores.

Cierta ocasión conocí a un amigo, profesor de una unidad educativa particular, que ya trabajaba bastantes años en esa institución, la cual le adeudaba varios finiquitos. Este profesor, en su afán de presionar a sus empleadores, se pasaba comentando entre los compañeros sobre esta obligación económica incumplida. De esta manera, se creaba un ambiente de incertidumbre ante la falta de seriedad de la institución.

Entonces, un colega suyo se le acercó para sugerirle que se reúna con el dueño del establecimiento, y así poder zanjar este tema, puesto que la actitud tomada estaba siendo vista como un pésimo ejemplo al interior del colegio. Mi amigo maestro  acertadamente decidió obedecer este consejo. Dos semanas después, se vio recibiendo la primera cuota del plan de pagos acordado.

Estoy seguro que tenemos a nuestro alrededor a amigos o colegas que adolecen de éste u otros problemas similares. Los mismos ven a su fuente laboral como una condición de experiencia, donde se tiene que estar agradecido sin chistar, y no así como el de un derecho laboral en el que nuestro vínculo con nuestros empleadores es una relación de intercambio y beneficio mutuo. No obstante, percibo cotidianamente que aún se aplica el “no puedo” o el “no sé cómo”.

Los ejemplos no son pocos. Hace días un compañero me comentó que se le debían siete gestiones de vacación, y que negociando con su gerente apenas había conseguido 15 días libres para tomar en esta gestión, lo cual conllevaría nuevamente una acumulación de sus vacaciones.

Existe una barrera entre nuestros derechos y el deseo de conservar nuestro trabajo, ésta nos conduce a aceptar condiciones desfavorables y poco llevaderas. Al mismo tiempo, ello se debe también a la falta de apertura de los empleadores, quienes en escasas oportunidades promueven una cultura de comunicación abierta con sus subalternos.

Cuando te encuentres en una situación de no saber cómo llegar hasta tu jefa o jefe, acércarte a personas más antiguas para pedir consejo. Busca la ocasión para entrevistarte con tu superior. En ese momento sé claro, explícito y asertivo al mencionar tu problema. Hazles entender que, como toda persona, tienes inquietudes, intereses y una familia por detrás.

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