Columnistas

¿Qué queremos con el Censo 2012?

El censo debiera ser un diagnóstico para reconocer los avan-ces y los retos que debemos enfrentar

La Razón / René Pereira Morató

00:47 / 18 de mayo de 2012

Por qué tanto silencio de parte del Instituto Nacional de Estadística (INE) acerca del derecho que tenemos todos los ciudadanos sobre la situación en que se encuentran las actividades censales en general; y la fase pre-censal, particularmente? A la boleta censal, después de los debates auspiciados por el mismo INE, debiéramos poder acceder todos los que quisiéramos; al menos mediante la página web institucional. ¿Por qué este ocultamiento? Debiéramos, de igual modo, estar informados sobre la metodología que el INE está utilizando para la actualización cartográfica, además del cronograma, ya que esta actividad compleja impone un enorme desafío que debe resolverse hasta el 21 de noviembre, fecha del operativo.

¿Qué es pues el Censo de Población y Vivienda? Es fundamentalmente un operativo técnico pero que tiene una racionalidad política. Y esto último es lo que hace polémico el asunto. Técnicamente es un empadronamiento simultáneo y universal de todos los habitantes del país. Por lo tanto, es una operación exhaustiva que recoge información demográfica, social y económica acerca del estado de la población y sus hogares en un momento dado. El censo no se limita al recojo de información. Además de esta operación, es parte del operativo la tabulación o sistematización de la información censal, la evaluación (especialmente a cuánto asciende el porcentaje de omisión censal) y la divulgación de los resultados censales. Estas cuatro operaciones son parte del censo de población.

La racionalidad y los usos políticos que se hagan del dato censal resultan cruciales. La lectura oficial que se haga de ellos es parte del interés político gubernamental. ¿Qué hará el Gobierno si los niveles de pobreza se mantienen? ¿Si la mortalidad infantil y los niveles de fecundidad no deseada no hubieran descendido como es de esperar? ¿Qué hará si se mantienen altos los niveles de desempleo, o si el censo encuentra que existe un número importante de personas que no saben leer ni escribir, en este país que oficialmente está libre de analfabetismo? ¿Qué hará si la distribución de escaños en base a los resultados demográficos le fuera desfavorable?

La poca transparencia y el ocultamiento de la información pre-censal no es buen presagio. Los bolivianos exigimos (porque será pagado con nuestros impuestos) que el censo sea de calidad, confiable y transparente. No podemos continuar perdiendo el tiempo en la clarificación identitaria de qué somos los bolivianos, para extraviarnos y fragmentarnos ya no en las seis alternativas que nos ofrecía la boleta de 2001, sino en las 56 etnias de auto-pertenencia que plantea la boleta censal de 2012. Eso definitivamente es regresivo.

¿Qué queremos con el censo? Bolivia necesita elevar principalmente la productividad de las actividades económicas heterogéneas; necesita la creación de empleo productivo y de alta productividad, única manera de mejorar nuestros estándares de desarrollo humano. El llamado sector informal o de autoempleo no puede ser la manera más importante y generalizada de acceder a la ocupación de los bolivianos.

El censo debiera principalmente constituirse en un diagnóstico honesto para conocer el atraso o mejora del conjunto de actividades económicas relacionadas con la producción, pero insisto principalmente con la productividad, incluyendo el empleo. Este eje central censal descansa en un supuesto: que el Gobierno confiera relevancia a la meta de la transformación productiva con equidad. Diagnóstico que impone mirarnos interiormente todos los bolivianos, incluyendo los actores gubernamentales, para reconocer los avances logrados pero los grandes retos que aún debemos enfrentar para salir del ranking colero entre los países sudamericanos.

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