Columnistas

No queremos rosas

El 8 de marzo, octubre, el año entero: es tiempo   de que las cosas cambien.

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Córdova

09:14 / 12 de marzo de 2017

Miércoles 8 de marzo. Mediodía. En una concurrida esquina del centro de la ciudad, ella ofrece rosas. Tiene cerca de 40 años, seguramente varios hijos y muy poco qué celebrar.

Como casi todas las mujeres de Bolivia, ella ha vivido toda su vida discriminada de una forma u otra. Ya sea porque recibe menos alimentación que sus hermanos (que, como hombrecitos, necesitan más alimento); porque tiene menos posibilidades de asistir o de terminar la escuela o porque desde más pequeñas deben realizar labores del hogar que sus hermanos no realizan. Cuando surge una necesidad económica o hay una enfermedad, la niña o jovencita es la primera candidata a sacrificar sus estudios para colaborar en la economía o el cuidado de la familia.

Cuando se inserta en el mundo laboral (ya sea por obligación o por voluntad propia) la mujer tiene mayor posibilidad de trabajar en empleos inestables, sin beneficios laborales y con salarios más bajos que sus compañeros varones. Si logra ser profesional con el esfuerzo adicional que a las mujeres les implica estudiar, la siguiente batalla será obtener un puesto de trabajo acorde con su preparación. Las mujeres jóvenes tienen menos posibilidades de obtener puestos de dirección que los hombres jóvenes, pues subsiste la idea de que las mujeres suponen mayor carga social debido a la posibilidad de que se casen y embaracen. Los hombres, en cambio, se casan y son padres sin que esas contingencias naturales afecten su desempeño.

De acuerdo con informantes de la Confederación de Empresarios Privados, actualmente en Bolivia hay más varones que mujeres en puestos directivos debido a que ellas mismas se niegan a asumir posiciones de dirección, pues hacerlo implica trabajar en horarios y condiciones que interfieren con sus obligaciones domésticas y familiares. No es inverosímil: incluso la mujer más feminista es vulnerable a la presión de ser, al mismo tiempo, una gran profesional y una gran ama de casa.

Las mujeres más fuertes y más preparadas, las que dirigen empresas o discuten políticas o cierran negocios o inventan tecnología, deben además definir el menú de la comida, concertar citas con el médico o el maestro y salir corriendo en su hora de almuerzo para hacer compras o recoger niños de la escuela. Algunos hombres fuertes y preparados también lo hacen —hay que reconocerlo—, pero son la inmensa minoría. Ellos priorizan siempre su trabajo y eso justifica que ellos lleguen siempre a la cúspide de sus carreras, como dirían los informantes de la Confederación de Empresarios.

La mujer que, en cambio, prioriza su vida familiar y se define como “ama de casa” no recibe ninguna remuneración por su trabajo. Está a expensas del salario, seguro médico y jubilación de su pareja, a pesar de ejercer una función de gran importancia social y enorme carga horaria.

Profesional o no, madre o no, la mujer es además víctima favorita de la violencia. En Bolivia, 7 de cada 10 mujeres de todas las edades y todas las clases sociales declaran haber sufrido acoso, violación, maltratos, golpes, violencia psicológica o violencia económica. Demasiadas no han sobrevivido lo suficiente como para denunciarlo.

No es, entonces, tiempo de rosas. El 8 de marzo, octubre, el año entero: es tiempo de que las cosas cambien.

Es cineasta.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia