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La razón económica aymara

La lógica que hace viable la organización socioeconómica andina es la reciprocidad

La Razón / Félix Layme Pairumani

00:45 / 03 de enero de 2012

En los nuevos tiempos ha surgido el interés por entender las culturas indígenas. Sobre todo la crisis ecológica obligó a buscar e investigar nuevos conceptos económicos. La lógica de intercambio del capitalismo no trajo los cambios esperados en el mundo andino. Si bien hay investigadores que estudiaron los conceptos económicos andinos, no creyeron en ellos y, aunque intentaron aplicarlos, su intención quedó en discurso, por lo que no cambió nada y fracasaron.

Algunos científicos sociales se preguntan: “¿Por qué tantos planes, programas institucionales y buenas intenciones no han logrado tener continuidad en el campo? ¿Por qué empiezan a nacer fuertes movimientos de reivindicación de los pueblos indígenas a nivel mundial?”.

La lógica en los andes es de aliados y contrarios. Toda acción humana está guiada por una hipótesis de racionalidad; nadie hace nada gratuitamente en los andes. Los ayllus se dividen en dos parcialidades: la de arriba y la de abajo. Este espacio tiene un lugar de encuentro: el centro, el taypi. Esta estructura (mujer y hombre) se reproduce en otros niveles.

El matrimonio tiene un papel importante en la forma de intercambio andina cuando se realiza entre jóvenes de distinta parcialidad. El matrimonio significa que la muchacha pasa a pertenecer a la familia del joven y viceversa; es decir, cada uno pasa a ser parte de la otra parcialidad. Así se crea, entre ambas parcialidades, una unidad superior. Esta estructura se llama complementariedad-antagónica. La identidad superior que se crea por el matrimonio resulta en un equilibrio entre dos comunidades distintas, así se da un equilibrio entre fuerzas antagónicas y mandan las fuerzas de la complementariedad.

La lógica que hace viable la organización socioeconómica andina es el dar o el don. Esto se llama reciprocidad, es una especie de solidaridad mutua. Una manera constante y espontánea en que ésta se manifiesta son todos los acontecimientos sociales donde se produce el ayni. El ayni se da cuando el otro lo necesita. El dar es tan importante que muchos buscan dar más y más; hasta lograron acuñar el siguiente principio: “cuanto más das, más eres” (Dominique Temple).

La personalidad está cifrada en saber dar y, por supuesto, esto implica ganar prestigio. La fiesta es el mejor momento de retribución. Se trabaja mucho para garantizar la fiesta, en ella se gasta todo e incluso se sale debiendo. A una persona de otra cultura esto le parecerá una locura y dirá: “¿Cómo es posible que se actúe tan absurdamente de manera tan antieconómica?” Es que para el aymara-quechua el “crecer”, que es el ser jaqi, significa demostrar la capacidad de dar y generar valores espirituales.

No sólo las fiestas son centros de acción recíproca, sino también las ferias, sean éstas semanales o anuales. Las ferias en el mundo andino son, en general, un excelente sistema de comunicación y movimiento económico. Además de ser un espacio de interrelación cultural es el lugar apropiado para generar otro tipo de actividades como el intercambio de ideas culturales y políticas.

Se puede concluir que la reciprocidad es opuesta al intercambio capitalista. El que da recibirá homenaje y logrará prestigio, por eso debe trabajar más y mantener el prestigio. Y el que recibe también hará lo mismo para devolverlo en su oportunidad, porque sólo un sinvergüenza no devuelve el ayni, este dar y recibir genera el prestigio, el poder político y obliga a la reciprocidad.

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