Columnistas

El ‘violador’ ilustrado

Valorar conductas del siglo XX con criterios del siglo XXI abre la posibilidad de distorsionar la realidad histórica.

La Razón (Edición Impresa) / Reymi Ferreira

00:08 / 12 de diciembre de 2018

Se ha abierto en Chile un intenso debate a raíz de la iniciativa de las autoridades de colocar el nombre “Pablo Neruda” al aeropuerto de Santiago, decisión que ha sido criticada por algunas dirigentes feministas con el argumento de que se estaría honrando a un “violador”.

La polémica surge a raíz de un fragmento del libro Confieso que he vivido, memorias de Pablo Neruda, en el que el poeta chileno describe un episodio que algunos consideran la “confesión” de una violación. El hecho que cuenta sucedió en 1929, cuando se desempeñaba como cónsul de Chile en Colombo, Sri Lanka, y está relacionado con un encuentro sexual que mantuvo con una joven hindú que trabajaba limpiando las letrinas.

Neruda narra que trató de tener una relación con la bella joven, pero el idioma era una barrera. El texto por el que se pretende calificar de violador al poeta es el siguiente: “Una mañana decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré a la cara. No hubiera idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda en la cama (...); el encuentro fue el de un hombre con una estatua”.

Algunas dirigentes feministas han iniciado en Chile una campaña nacional para estigmatizar al poeta como un violador, machista y prepotente; y a la fecha han logrado abrir un debate sobre el tema. Por ejemplo, el novelista Rafael Gumucio en la revista The Clinic califica esas expresiones como de “beaterismo ramplón” porque, según el literato, significa sacar fuera de contexto el fragmento de una obra narrativa.

El ambiente cultural del lugar y de la época en el que la “violación” tuvo lugar eran muy distintos a los de ahora. El pretender calificar, valorar o evaluar conductas de comienzos del siglo XX con criterios y valores del siglo XXI no solo que no es justo, sino que además da lugar a la posibilidad de distorsionar la realidad histórica.

Si se actuara como algunos pretenden, habría que prohibir la lectura de los libros de Aristóteles, porque dicho filósofo justificaba a la esclavitud en Grecia. Se tendría que descalificar a Carlos Marx, quien mal informado escribió barbaridades sobre Simón Bolívar, y calificó a las comunidades indígenas como antihistóricas. Incluso de debería descalificar al propio Simón Bolívar, porque en un proyecto de Constitución planteó la presidencia vitalicia para Bolivia en 1825. Con ese criterio obtuso algunos han querido descalificar a Gabriel René Moreno, el más grande historiador y bibliógrafo boliviano, por algunos fragmentos despectivos contra los indígenas escritos bajo el marco conceptual del positivismo reinante de la época.

Pablo Neruda, el gran poeta latinoamericano, en sus propias memorias se adelantó al reconocer que siempre espíritus pequeños han estado en su contra, como cuando lo calificaron de “burgués” por comprarse un automóvil. Tal parece que a los espíritus grandes los persiguen hasta en la muerte.

* Abogado.

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