Columnistas

Diez realidades

Las flores no sólo alegran la ciudad, ayudan además a concienciar sobre su valor y cuidado

La Razón / Patricia Vargas

00:23 / 26 de julio de 2012

Comprender” es la palabra viva que requiere La Paz para ser apreciada, un recordatorio para los visitantes y para quienes radican en ella. Esto, por las infinitas realidades que la proyectan, la mayoría de ellas cargadas de municiones sociopolíticas.

“No siempre valorada”, se sabe que esta ciudad ha sido construida con esfuerzo y en distintas épocas, las cuales han legado pensamiento y obras; por ejemplo, las urbano-arquitectónicas que delinean un pasado que perdura en el presente. Empero, los nuevos tiempos (sin reparo al mañana) harán desaparecer edificaciones, sin olvidar a las que superponen estilos que por siempre han desvirtuado la buena arquitectura de las urbes.

“Vivir a su ritmo” es un seguimiento forzado, acompañado del caos que forma parte de su realidad. El habitante que radica en esta tierra es en esencia comerciante. Ello posiblemente en honor a su historia: La Paz ...venía a ser un gran tambo (siglo XVIII). Imagen claramente descrita y congelada de las calles paceñas, donde anaqueles, quioscos y chiwiñas casi no permiten transitarlas.

“Convulsiva de marca” es una modalidad original de estos tiempos. Si bien la memoria urbana (monumentos) se ha encargado de recordar episodios y constructos de su historia y la del país, en La Paz diariamente puede suceder de todo. Las situaciones extremas son parte de su vivir cotidiano. Sin embargo, ciertas expresiones sociales están perdiendo todo horizonte de cordura y su límite vertiginoso, hoy es por demás extremo.

“Toques singulares” presentan los murales cuya expresión desafiante parecen susurrar mensajes secretos. En cambio otros, los sutiles o histórico-contemporáneos, poco o nada logran comunicar a una ciudad en esencia fuerte. Para suerte de algunos, son respetados por los malentretenidos que dejan rúbricas en los muros.

“Cualidades no faltan”, por ejemplo, la belleza de sus jardines, cuyas flores no sólo alegran la ciudad, sino que conciencian a las personas en su valor y cuidado. “La Paz tristemente ha perdido roles de liderazgo” hasta el punto que el vestirse de gala para grandes eventos ha quedado en el pasado, incluso estando preparada para cumplir apropiadamente con aquello. Por todo ello, los cambios de esta urbe son una realidad y necesidad indiscutible en el presente.

“No tiene muchas industrias”. La mayoría se halla en estado de alerta porque poco se las apoya y menos se las proyecta al futuro. Lo triste es que muchas están quedando sólo en la memoria colectiva.

“Pero sí tiene identidad y cultura”. Es su verdadero capital aún no explotado por completo. No cabe duda de que es la base fundamental para “vender una ciudad” al visitante, pero no sólo en lo referido al folklore. Valorar y aprovechar esta cualidad significa proyectar a esta urbe en “la gran industria sin chime- neas”: el turismo.

“La Paz, no tienes idea cuánto te quiero”, son grafitis que convocan a la emoción. Homenaje a una ciudad cuyas realidades le impiden funcionar a momentos en reglas sobredeterminadas. Pese a todo, su valor singular radica en que siempre está abierta a lo inesperado.

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