Columnistas

Algunas reflexiones sobre la inflación

La inflación obedece a factores de carácter estructural, debido a rigideces y asimetrías económicas

La Razón (Edición Impresa) / Hugo Dorado Araníbar

00:02 / 19 de diciembre de 2013

Un tema de recurrente análisis es la inflación. Hay un interés por estigmatizar el tema y evaluar en parte la gestión económica de gobierno en función del nivel que alcanza esta variable cada mes. Para 2013, el Banco Central de Bolivia tenía estimado cerrar con una tasa del 5,5%; sin embargo, la tasa acumulada a noviembre es de 6,39%, y a 12 meses, 6,96%.

La lectura ortodoxa sobre inflación se centra en aumentos de emisión monetaria, su explicación está en la ‘’teoría cuantitativa del dinero’’, que señala que el nivel de precios se debe a los aumentos autónomos de la cantidad de dinero. La emisión monetaria es entonces la causa principal de la inflación; esta es una afirmación obvia y que no se da de manera lineal. Basta revisar la ingente cantidad de dinero introducida tanto en Estados Unidos como en Europa desde que estalló la crisis financiera en 2007, sin niveles de inflación elevados. Otra lectura de la ortodoxia económica es que el gasto público es el causante de la subida de precios, sobre todo si es un gasto deficitario, sin considerar que si ese gasto es en inversión, estaría potenciando la capacidad de crecimiento en el tiempo.

La solución clásica, en el primer caso, es que el Banco Central recoja la liquidez, aumentando la oferta de títulos o subiendo las tasas de interés y, en el segundo, que se recorte el gasto fiscal. Estas políticas lo que logran es reducir las posibilidades de aumentar los niveles de inversión en la economía, enfriando la demanda y reduciendo las posibilidades de un mayor crecimiento económico, riqueza y mejores condiciones de vida que toda la población desea.

En nuestro caso, en 2008 la emisión alcanzó el 60%, ese año hubo un aumento del IPC del 11,85%, que en gran medida se debió al incremento de precios internacionales y variaciones cambiarias que afectaron a los precios internos, y no se debió al aumento en la emisión. Además, ese año creció el Producto Interno Bruto (PIB) al 6,1%.

En un enfoque más amplio, la inflación obedece más a factores de carácter estructural, debido a rigideces y asimetrías económicas. Uno de estos factores es la puja distributiva del excedente. Lo que realmente debería importarnos de una inflación son las consecuencias en el empleo, crecimiento y distribución del ingreso.

En el análisis de la inflación debería considerarse el crecimiento de las ganancias. Cuando se mencionan los costos de producción, se cuestiona el incremento en los salarios, pero nunca las ganancias del capital. No es usual realizar un análisis del ciclo primario de formación de precios para luego pasar a una visión macroeconómica, se ignora la información básica sobre cómo y quiénes participan de los aumentos de precios y la distribución del ingreso, no se analiza el primer eslabón de la producción o comercialización de los productos (empresas, intermediarios, importadores y comercializadores). En consecuencia, un diagnóstico adecuado de estos factores puede justificar la intervención del Estado no sólo como regulador, sino en el control y administración de precios para evitar el uso abusivo de poder en los eslabones más débiles, desde la producción hasta el consumidor.

La economía está dirigida por la demanda, no por las restricciones de la oferta. Por tanto, si se espera tener tasas de crecimiento del PIB de más del 6% en el mediano y largo plazo y un alto crecimiento del empleo, es probable que se presenten inflaciones algo más altas. De todas maneras la minimización de la inflación no provee ni garantiza más crecimiento.

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