Columnistas

Un relato en común

Espero que armemos una historia en común de justicia, de institucionalidad y de grandeza de alma.

La Razón (Edición Impresa) / Eliana Quiroz / La Paz

06:36 / 24 de agosto de 2015

Con algo de pudor me atrevo a escribir acerca del fenómeno social en el que se ha convertido la muerte de Andrea A., pudor por el dolor de su familia y la gente que la quiere; por tocar aspectos privados que han ingresado brutalmente en el dominio de lo hiperpúblico, por juzgar las motivaciones y acciones de William K.. Pero no voy a argumentar sobre el tipo de delito y su sanción, eso no me corresponde. Voy a hablar acerca del proceso social que este caso provoca y del rol de internet en este asunto. Varios casos ya nos han mostrado antes que internet puede ser una plataforma de defensa de derechos; y también hemos presenciado cómo puede servir para destruir prestigios, vidas. Desde esa experiencia, quiero compartir algunos criterios.

Desde el miércoles de la anterior semana las redes sociales se plagaron con comentarios sobre este caso. Para ser más precisa, mis muros en Facebook y Twitter estaban repletos de esos contenidos. Imposible no leer, no conmoverse, no reflexionar, no acceder a la invitación de opinar o hacer un like. Y de esa manera, cada uno nos incluimos en la creación de un relato público. Esto ya se daba antes de las redes sociales, la diferencia es que opinábamos en espacios privados. Solo quienes estaban dispuestos a salir a protestar en las calles o quienes accedían a un medio masivo podían participar de la formación del debate público. Ahora, quienes escriben un comentario, un post, comparten una foto, todos estamos construyendo algo en común. Es un crowdsourcing (un evento que es construido por una multitud). Por supuesto no todos tenemos las mismas condiciones para influir en la creación del relato ni todos leemos a todos. Las familias de Andrea y William, los medios con sus criterios editoriales, las autoridades políticas, por ejemplo, tienen más posibilidades de afectar el relato y, por tanto, tienen más responsabilidad, pero todos participamos, nos apropiamos de lo que vamos armando y vamos apoyando pactos en común acerca de cómo algunas cosas deben ser hechas socialmente.

En el hecho específico que aquí se comenta, espero que el relato fortalezca un rechazo a la violencia, no solo de género, sino cualquier violencia; que no inspire “querer matar a alguien”, porque eso solo apuntala más violencia. Espero que armemos una historia en común de justicia, de institucionalidad y de grandeza de alma. Que construyamos una reflexión acerca de cómo criamos a nuestros hijos e hijas, que aprendamos que nuestra indignación puede ser bien encaminada y no hay necesidad de ir a los insultos agrediendo a quien piensa diferente. Que valga la pena el tiempo que le estamos dedicando a Facebook, a Twitter, a escuchar radios online, a escribir en WhatsApp, a construir un relato común.

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