Columnistas

La repostulación y Bolívar

La Razón (Edición Impresa) / Tribuna - Reymi Ferreira

03:00 / 21 de septiembre de 2015

En las últimas semanas, líderes opositores han cuestionado la posible repostulación presidencial utilizando fragmentos del discurso de Simón Bolívar ante el Congreso de La Angostura (1819), que reza: “La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle, y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado que los ha mandado mucho tiempo los mande perpetuamente”. Esta frase, utilizada por la oposición golpista en Venezuela, fue comentada por el presidente Hugo Chávez, quien afirmó que lo central de la cita de Bolívar es el énfasis en las elecciones, reiteradas en el caso de Venezuela. La frase cuestionaba a los sátrapas que sin el concurso del voto se eternizaban en el poder. La base de la democracia son las elecciones, y mal se puede hablar de tiranía cuando quien decide es el pueblo.

En lógica existe el argumento de autoridad (argumentum ad autoritas), que consiste en afirmar que algo es verdadero porque una personalidad reconocida lo sostiene. Esta forma de argumentación, que fomenta posturas conservadoras, es utilizada en la religión y en la política. Es bueno saber que el 25 de mayo de 1826, en mensaje dirigido al Congreso Constituyente de Bolivia (y con el propósito de justificar la Constitución), Bolívar afirma: “El presidente de la República viene a ser en nuestra Constitución como el sol que, firme en su centro, da vida al universo. Esta suprema autoridad debe ser perpetua; porque en los sistemas sin jerarquías se necesita, más que en otros, un punto fijo alrededor del cual giren los magistrados y los ciudadanos; los hombres y las cosas. 'Dadme un punto fijo, decía un antiguo, y moveré el mundo'. Para Bolivia, este punto es el presidente vitalicio. En él estriba todo nuestro orden, sin tener por eso acción”.

En 1826 el Libertador se había dado cuenta que imponer modelos europeos a un continente sometido por 300 años de colonialismo, en el que la población local no había tenido oportunidad de ejercer ciudadanía, era una receta segura para la anarquía, como se comprobaría luego.No postulamos —obviamente— presidencias vitalicias, pero sí valoramos como bien público la estabilidad. Ahora que se preguntará al pueblo si se puede repostular un presidente que ha sido calificado como el mejor en la historia de nuestro país, salen algunos a cuestionar la repostulación, calificándola de antidemocrática, y pretendiendo hacer ver, maliciosamente, que la alternabilidad es un requisito obligatorio de la democracia. La alternabilidad es la facultad del pueblo para cambiar de gobernantes; pero también es facultad del pueblo reelegir a quien hizo una buena gestión. Ese derecho no puede ejercerse ahora por un artículo constitucional impuesto a fuerza de chantaje en 2009, cuando la derecha tenía mayoría en el Senado.

Si democracia fuera alternancia, Gran Bretaña y los regímenes parlamentarios del mundo serían antidemocráticos. La canciller alemana, Angela Merkel, gobierna desde más de una década y es previsible que se mantenga por un buen tiempo, y no hemos escuchado a nadie decir que es una “dictadora”. Actuales críticos a la repostulación apoyaron en su reelección al alcalde de Santa Cruz, Percy Fernández. Éste, al concluir su periodo, habrá estado 21 años en el cargo. Los mismos apoyaron la segunda reelección de Rubén Costas en la Gobernación, aunque el Estatuto aprobado por ellos no contemplaba dicha figura.

La historia de Bolivia es el relato de golpes y acortamientos de mandatos, y ahora que, como nunca, tenemos un gobierno con resultados, estabilidad y mejor distribución de la riqueza, algunos, con argumentos falaces, quieren privar al pueblo del derecho a que sea él mismo el que defina si reelige o no a sus gobernantes. A los que utilizan a Bolívar para sustentar su posición habría que preguntarles: ¿a cuál Bolívar? ¿Al que dirigió Venezuela en 1819? ¿O al que dirigió Bolivia en 1826? Cuando un argumentum ad autoritas no es consistente, se convierte en falacia, y este es el caso del uso forzado de los escritos de Bolívar.

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