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El reto de Macri

La política económica keynesiana está y seguirá vigente, aun más fuerte que hace 79 años

La Razón (Edición Impresa) / Germán Jaro Rodas

02:55 / 27 de noviembre de 2015

Aunque las tasas de interés sobrepasen el 25%, no lograron disminuir los niveles de inflación, que superan el 20% anual en Argentina. Sin embargo, el desempleo no supera el 5,9%, y es el menor en 28 años, según fuentes gubernamentales. Por otro lado, las estimaciones de crecimiento económico, según FocusEconomics, es apenas 0,9% para 2016. Todo lo anterior conllevó a una recesión, debido a las fallas de política económica implementadas por el Gobierno.

El gran desafío de Mauricio Macri será enfrentar un país con grandes problemas. Sin duda, claro está, que las medidas de política económica adecuadas serían las de corte keynesiano.

John Maynard Keynes, en su Teoría general de la ocupación, el interés y dinero (1936), establecía que “El estado tendrá que ejercer una influencia orientadora sobre la propensión a consumir, a través de su sistema de impuestos, fijando la tasa de interés y, quizá, por otros medios. Por otra parte, parece improbable que la influencia de la política bancaria sobre la tasa de interés sea suficiente por sí misma para determinar otra de inversión óptima. Creo, por tanto, que una socialización bastante completa de las inversiones será el único medio de aproximarse a la ocupación plena”.

La política económica establecía que, si la economía entraba en recesión, era necesario aumentar el gasto del Gobierno o disminuir los impuestos con el fin de estimular la demanda, lo que, a su vez, mantendría el pleno empleo. Por el contrario, si la economía se sobrecalentaba y el sobreempleo generaba una presión inflacionaria, había que disminuir el déficit y restaurar así el equilibrio entre la demanda agregada y lo que la economía era capaz de producir.

Sin duda, y estoy plenamente convencido, es posible aplicar, primero en el corto plazo, medidas de política económica expansivas, mediante ajustes cuidadosos a la política fiscal y monetaria: incrementando moderadamente el gasto gubernamental y reducir simultáneamente el costo del dinero, para así fomentar las inversiones. Al mismo tiempo, estimular las exportaciones, a través de una disminución del tipo de cambio. Sin embargo, para estabilizar la economía será necesario soportar un elevado costo de presión  inflacionaria. En segunda instancia, una vez que se estabilice la recesión, sería posible implementar medidas de políticas restrictivas, para evitar ciclos económicos inflacionarios.

Claro está, la política económica keynesiana está y seguirá vigente, aun más fuerte que hace 79 años. Ya lo dijo Paul Krugman en 2012: “Y es posible que uno de estos años acabemos siguiendo el consejo de Keynes”.

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