Columnistas

La revolución contra la FIFA

Solo si las federaciones locales se renuevan, el congreso de la FIFA será un mecanismo creíble

La Razón (Edición Impresa) / Juan Carlos Zambrana Marchetti

01:00 / 19 de junio de 2015

Muy equivocados están quienes creen que la promesa de renuncia de Joseph Blatter como presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociada (FIFA) solucionará la corrupción de esa organización. Para entenderlo es necesario hacer un breve análisis de esta situación. 

Blatter dijo que convocaría a un congreso extraordinario entre diciembre de 2015 y marzo de 2016 para elegir a un nuevo directorio, pero es obvio que eso de nada servirá si se permite que sigan votando los mismos dirigentes; pues esa dirigencia hace tiempo que ha sido corrompida por un modelo de organización que, cuando se descubre corrupción, cambia personas, pero encubre a la institución. 

Las anunciadas elecciones, por lo tanto, siguen siendo un circo, porque Blatter sigue al mando y todo está amarrado para otro fraude, ya que el dinero de las coimas y sobornos es repartido entre los dirigentes de las federaciones nacionales, quienes llegado el momento eligen y encubren al directorio de la FIFA. A cambio, la organización que maneja los hilos del fútbol mundial protege como intocables a estos dirigentes, de modo que en cuanto alguien, en sus países, intenta cambiarlos, o algún gobierno intenta intervenir, la FIFA amenaza con vetar a la federación en cuestión.

Es una corrupción de tipo mafioso en la que están amarrados todos los cabos para proteger a sus miembros a todos los niveles. Esa omnipotencia, sin embargo, se ha tornado en vulnerabilidad, después de la presentación de cargos por la Fiscalía estadounidense en contra de varios de sus principales dirigentes, generando la oportunidad histórica para una auténtica renovación institucional.

Esa renovación solo podría ser real si llegara al directorio de FIFA por el camino revolucionario: de abajo hacia arriba. Eso partiría de una campaña mundial en las redes sociales, para que, de inmediato, los socios y los hinchas protesten pacíficamente, pero en masa, contra sus federaciones nacionales, exigiendo la realización inmediata de congresos extraordinarios. En esos congresos se debería aprobar la modernización de estatutos con un modelo uniforme y democrático de organización que sea transparente en el manejo económico, y que prohíba la reelección de los dirigentes. Recién al final se debiera elegir a un nuevo directorio. Esto puede parecer difícil de lograr, pero en realidad no lo es, y Bolivia puede ser el detonante para el movimiento en el ámbito mundial.

Si Bolivia es el país que le ha mostrado al mundo la fuerza que tienen las marchas populares para expulsar a gobiernos traidores al mandato de sus pueblos, quizá es hora de que los socios de los clubes, los hinchas, las barras bravas y el pueblo en general marchen en forma pacífica pero masiva contra la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), y que lo hagan en forma sostenida hasta que renuncie el directorio en pleno, se nombre un directorio provisional y se convoque al congreso extraordinario. Si Bolivia lo hiciera exitosamente, eso podría producir un efecto dominó con el potencial de salvar la organización mundial del futbol.   

No olvidemos que la promesa de renuncia de Blatter solo es la oportunidad para que se inicie un proceso de cambio, pero el cambio en sí tiene que ser exigido por el socio como dueño del derecho a decidir sobre su club y su federación. Recién cuando las federaciones nacionales estén renovadas, el congreso de la FIFA podrá ser un mecanismo creíble de renovación.

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