Columnistas

Una revolución admirable

En La Paz han ocurrido hechos de trascendencia continental, como fue la revolución de 1809

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Montaño

00:01 / 18 de julio de 2014

Es bueno mirar atrás de vez en cuando y comprobar que en esta ciudad del Illimani han sucedido acontecimientos verdaderamente importantes, incluso de trascendencia continental, como fue la revolución de julio de 1809.

Fue precisamente en este suelo paceño donde nuestros antepasados hicieron la primera declaración de independencia de una colonia americana española e instauraron un gobierno que iniciaría el largo periodo de guerras americanas por la independencia. En esas pioneras y extraordinarias jornadas de julio, el cabildo, encabezado por Pedro Domingo Murillo, asumió las funciones de gobierno y empezó a funcionar a toda marcha designando esa misma madrugada a los ministros de la Real Hacienda y al administrador de correos. También inmediatamente suprimió el monopolio del carbón, de la sal y de las jergas.

Los líderes de la revolución actuaron con toda claridad y llevaron a cabo una revolución completa. El cabildo pasó a denominarse Junta Tuitiva, la cual estuvo conformada por hombres de amplia visión política y líderes de nivel continental, como los presbíteros José Antonio Medina y Melchor León de la Barra, entre otros. Desde los primeros momentos de su organización, la Junta desplegó una infatigable actividad administrativa, apoderándose de todas las reparticiones de la administración pública y posibilitando un dominio territorial efectivo sobre las cinco provincias de la Intendencia. Además, hizo que representantes indígenas se presenten en el cabildo e integren la Junta, situación inédita hasta entonces.

El plan de gobierno de la Junta contenía diez artículos, entre los que figuraban la prohibición de enviar dinero a Buenos Aires; la destitución de las autoridades provinciales y el nombramiento de otras en su lugar, pero fundamentalmente envió a emisarios a las ciudades de Oruro, Cochabamba, Chuquisaca, Santa Cruz, Puno, Cusco y Arequipa para explicar los propósito de la Junta y lograr su apoyo para la causa independentista.

La revolución resistió, pero finalmente cayó ante las fuerzas reales enviadas desde el Cusco y comandadas por José Manuel Goyeneche, quien siguió instrucciones de castigar ejemplarmente a los revolucionarios y ahogar en sangre todo vestigio de subversión.

Tras la represión, casi no hubo familia paceña que no llorase a un padre, a un hijo o a un hermano. De las batallas de Irupana y Chicaloma resultaron 500 muertos y 1.500 heridos, los bienes de 86 revolucionarios fueron incautados, hubo 20 perseguidos y sentenciados en rebeldía, decenas de desterrados a las Malvinas o Filipinas y otros tantos condenados a presidio.

Los realistas enviaron al cadalso sin proceso a Pedro Domingo Murillo, Juan Antonio Figueroa, Basilio Catacora, Apolinar Jaén, Buenaventura Bueno, Juan Bautista Sagárnaga, Melchor Jiménez, Mariano Graneros y Gregorio García Lanza, por “erigir gobierno y adoptar el escandaloso plan de diez capítulos que atacaba las regalías de la soberanía, conspirar por destruir el legítimo gobierno e inducir a la independencia”.

La revolución de julio sucumbió a causa del insuficiente armamento y la falta de apoyo de las ciudades vecinas, porque parte de la estrategia de la Junta Tuitiva era atraer a todos los cabildos cercanos y lograr una acción conjunta de todos los pueblos. Paradójicamente, las demás ciudades solo se rebelarían después de consumado el sacrificio paceño.

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