Columnistas

¿Y dónde está la revolución cultural?

¿Hasta dónde llega la preocupación del Estado por la cultura? ¿Por qué están abandonados los artistas?

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Sánchez Gonzales

00:00 / 17 de julio de 2015

El Gobierno, con más retórica que práctica, pretende cambiar el manejo individualista y economicista de nuestro patrimonio cultural y aplicar una política y una normativa que eviten la apropiación indebida de conocimientos científico-tecnológicos, bailes y músicas originarias. Quiere desmontar el colonialismo y neoliberalismo, consolidar un modelo de Estado recíproco en función de los recursos y valores de culturas originarias, reconociendo un Estado Plurinacional.

Se impone como tarea desarrollar una sociedad intercultural comunitaria; fortalecer referentes identitarios de pueblos originarios y grupos culturales; coordinar la participación de instancias públicas, privadas y organizaciones sociales; la apertura de espacios de encuentro intercultural y la construcción de elementos identitarios para difundir una imagen de país con productos y servicios culturales en el plano internacional.

La Constitución señala que es responsabilidad fundamental del Estado preservar, desarrollar, proteger y difundir las culturas existentes en el país y que el Estado garantizará el registro, protección, recuperación, enriquecimiento, promoción y difusión de su patrimonio cultural y de la propiedad intelectual. Los gobiernos locales cumplen un importante papel en estas políticas, así como los congresos de culturas y los ministerios de Educación, Culturas y Turismo. Está en preparación un anteproyecto de Ley Culturas que se propone profundizar y transformar las relaciones sociales y culturales, consolidando los derechos reconocidos por la CPE y que hará posible construir mecanismos de fomento. La Gobernación de La Paz planifica crear direcciones culturales en los municipios para recuperar música y danza en fechas especiales. Ha registrado 15 culturas vivas de las 36 identificadas, con 129 danzas. Su objetivo es promover valor agregado de la cultura para el desarrollo de comunidades. Las alcaldías de La Paz y El Alto tienen proyectos culturales en ejecución y planificación para áreas urbanas.

Sin embargo, no cambia tanto el curso de la historia. ¿Dónde está ese cambio radical anunciado, esas innovaciones modificadoras de nuestro comportamiento, nuestros valores, creencias, tradiciones para dar el gran salto adelante? Reafirmamos nuestra identidad con una anunciada revolución democrática cultural, pero ¿hasta dónde llega la preocupación del Estado por la cultura? ¿Por qué están abandonados los artistas?

Lo ideológico y lo político eclipsan la proyección y evaluación del desarrollo cultural. La visión de cultura del Gobierno por el momento es restrictiva. Se pone énfasis en el Dakar, algunos carnavales, ferias del libro, entradas folklóricas, desfiles, ferias culturales, medios de comunicación, convenciones y presentaciones de artistas. Todo ello en recintos inadecuados y con escasos recursos técnicos, combinados con la inercia institucional. Así, resultan favorecidas expresiones artísticas muy convencionales que se restringen más a las áreas urbanas en desmedro de manifestaciones rurales o campesinas más genuinas y sectores más vulnerables. El Estado cumple un rol de mero patrocinador de eventos, cuando su función es formular e implementar políticas certeras de fomento y defensa de la cultura para el desarrollo.

Al país le interesa desarrollarse expresando espontáneamente sus identidades locales en relaciones sociales cotidianas y equipararse en este ámbito libremente con la cultura contemporánea de todos los países. ¿Alguien sabe cuándo perdimos absolutamente nuestra identidad? ¿Hasta qué punto han transfigurado nuestro carácter? En 1965, el poeta orureño Hernán Sánchez Fernández en su Oratoria: el Verbo de Bolivia, propone “una nueva era de florecimiento, una alta cultura para el futuro, crear un arte nuevo que dé testimonio de nuestra capacidad, porque el estilo o la transformación de las artes nunca destruirá el fin y el principio de nuestra semilla”. Propugna así una nueva civilización construida sobre la base de nuestros propios valores que regale cultura al mundo. Y este es el momento de asumir políticas que puedan equiparnos con herramientas suficientes como para que nuestra riqueza promueva desarrollo cultural a gran escala.

Es economista y promotor cultural.

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